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Fin de semana
Autor: Desconocido
Fecha: 16-06-2010

Por fin disponíamos de un todo un fin de semana para disfrutar el uno del otro. Por motivos de trabajo, ya fuera por uno u otro, no habíamos podido coincidir y hacer una escapada en todo el año. Este fin de semana lo íbamos a dedicar al placer, a ese que no habíamos podido tener por todos los problemas laborales acontecidos. Para ello nos prometimos, de mutuo acuerdo, no negarnos a nada de lo que el otro pidiera para satisfacernos sexualmente.

Nos pusimos a hacer las maletas y lo primero que le pedí era que no llevara ningún tipo de ropa interior en ella. Cuando conocí a mi mujer era bastante tímida, vestía bastante formal y con el paso del tiempo he conseguido que vista de manera mas sensual enseñando algo mas de carne, pero nunca le había pedido no llevar ropa interior. Me miro sorprendida, pero acepto mi deseo y sonrió de manera pícara. Lo segundo es que ya que íbamos a una casa rural y vimos que daban buen tiempo para los tres días, llevara la ropa mas liviana que tuviera (tops, culotes, pantalones cortos, transparencias, vestidos cortos, minifaldas, …). Una vez hicimos las maleta, nos montamos en el coche y pusimos rumbo al campo.

De camino empezamos a hablar sobre lo que necesitábamos este tiempo juntos y de lo que seriamos capaces de hacer o no. Mi mujer decía que haría todo lo que le pidiera pero con reservas, pues a pesar de confiar plenamente en mi, no quería que la hiciera pasar vergüenza recordando su timidez. Para empezar a jugar y divertirnos la empecé a acariciar el muslo, con suavidad, cada vez mas arriba por debajo de la minifalda de vuelo que llevaba. Mi mujer empezaba a calentarse y cuando lo hace pierde el control, no se acuerda de lo tímida que es y se convierte en una loba deseosa de placer. Hasta ahora esto siempre ocurría en la intimidad, pero este viaje yo quería cumplir una de mis fantasías, esta era la de mostrar el cuerpo de mi mujer, que perdiera esa timidez y calentar a algún que otro macho para que a su vez se volviera la zorra que lleva dentro y pudiera disfrutar yo de su cuerpo a mi antojo. Le pedí que se desabrochara dos botones de la blusa que llevaba, al hacerlo y debido a la ligera tela se le adivinaban sus pechos con el aire de las ventanillas. Continué acariciándola y llegando cada vez más a su intimidad. La acaricie el coño y lo tenia empapado. Ella a su vez estaba con los ojos cerrados, mordiéndose el labio y respirando agitadamente. La introduje un dedo y con otro apreté su clítoris arrancándole un gemido prueba de lo que disfrutaba. Empecé a masturbarla primero lentamente para luego torturarle el clítoris hasta conseguir un orgasmo que la hizo retorcerse en el asiento del coche.

Ella- ¡Pídeme lo que quieras! .- dijo una vez recuperado el aliente, con las mejillas todavía coloradas.

En ese momento pasábamos una indicación de gasolinera a 1000mts, puse en intermitente y entramos.

Yo- Te pido que te desabroches un par de botones mas y vayas a pagar la gasolina, espera allí hasta que termine de llenar .- la dije mientras parábamos.

Ella- ¡Pero se me van a ver las tetas al mínimo movimiento!

Yo- Aquí no te conoce nadie y quiero que el dependiente se quede con un calentón de cojones. Yo te veo desde aquí, a ver de que eres capaz…

Ella- Pe.. pero… ¡vale¡ pero es lo que tu quieres, luego no te enfades.- respondió con una mirada desafiante.

Cogió su bolso, se desabrocho otros dos botones y salió del coche dirección a la tienda. No cabía en mi de gozo, mi mujer con su minifalda de vuelo, su blusa ligera casi desabrochada, sin ropa interior y su andar decidido, iba a cumplir mi deseo. Me dispuse a llenar el deposito, con el gatillo del surtidor lo menos apretado posible para disfrutar del momento el mayor tiempo posible. Entró en la tienda, saludó al dependiente y fue hacia las neveras. Ni que decir que el dependiente no la quitaba ojo. Mi mujer hacia que buscaba alguna bebida, unas veces de espaldas al mostrador, otras de frente, agachandose y levantandose. Cogió dos refrescos y se fue hacia el mostrador, vi que intercambiaba unas palabras y me señalaba. Yo seguía llenando el depósito lo más lento posible. Se apoyó con los codos en el mostrador de frente al dependiente que permanecía de pie intentando dar conversación a mi mujer. En esa posición le tenía que estar dando una sesión de sus tetas increíble. Empezo a acariciarse el escote, habriendose disimuladamente la blusa. El chico no dejaba de mirarla el escote mientras mi mujer hacia que miraba algo, se hizo la sorprendida e intercambio unas frases con el. Al rato la señalo algo y mi mujer fue hacia esa dirección. Veía al chico pero no a mi mujer, el miraba inmóvil en dirección por donde había se habia ido. Termine de llenar el deposito y me subí al coche a esperar que volviera. Después de unos minutos apareció mi mujer, vio que yo había terminado, pago al dependiente y salio hacia el coche con los refrescos. Su cara era de satisfacción, alegre, como si hubiera superado el examen más difícil del curso y encima le hubiera salido perfecto. El chico no perdía de vista a mi mujer, antes de subirse al coche se volvió y le lanzo un beso con la mano. Arrancamos volviendo a la carretera.

Ella- ¿Contento? ¿Lo he hecho bien? ¿Es lo que tu querías? .- me preguntó.

Yo- Uff, me has puesto a cien, pero el dependiente se ha debido quedar con ganas de ver mas. JAJAJA.

Ella- No lo creo… Ver ha visto todo lo que se puede ver. Encima los refrescos nos han salido gratis.

Yo- ¿Cómo? No entiendo… .- respondí con cara de tonto.

Ella- Pues eso, cuando estábamos esperando, le pille mirándome las tetas que yo le mostraba disimulaamente y le pregunte si le gustaba lo que estaba viendo. El me pidió disculpas pero que era muy difícil no mirar un escote tan sensual. Le propuse cambiar los refrescos por enseñarle más si quería, y acepto. Me indico donde estaban los servicios pense en quitarme la blusa pero al final me desnude completamente. Salí a la puerta de los servicios y pudo recrearse la vista.

Yo- ¡No jodas!, eso no lo he visto.

Ella- Estaba poniéndome tan caliente que no he podido evitar acariciarme y meterme un dedo mientras me observaba. Lógicamente no me ha cobrado los refrescos así que ha debido quedar satisfecho por la cara que se le quedaba. .- ahora se reía ella – ¿Lo he hecho bien cariño?

Yo- De maravilla, incluso mejor de lo que me imaginaba, mira como me tienes.- tenia la polla a reventar.

Mi mujer sin decir nada, me acaricio por encima del pantalón y lo desabrocho, metiendo la mano para sacarla y empezar a masturbarme lentamente. Después de masturbarme durante un rato con la mano, se soltó el cinturón de seguridad y poniéndose de rodillas en el asiento, comenzó una mamada increíble. De todas las mujeres que me han hecho una mamada en mi vida, mi mujer es la mejor mamadora que he probado. La encanta comer polla y sabe como hacerlo. Empezó a lamerme la polla en toda su longitud, jugando en el capullo con su lengua. Cuando consiguió ponermela lo mas dura posible coloco sus labios en el capullo para empezar a tragársela y llevarla hasta la garganta, comenzó un sube y baja, cada vez a mayor velocidad, que me estaba llevando al cielo. Volvió a jugar con su lengua en el capullo y cuando vio que yo ya no aguantaba mas, se la metió hasta la garganta, momento en el que empecé a descargar chorros de semen que no dejo escapar y trago relamiéndose. Termino de limpiarme la polla hasta que no quedo rastro de la corrida y volvió a su asiento orgullosa.

Ella- Necesitaba comerte la polla, si no hubieras estado afuera esperando, hubiera sido capaz de comérsela al dependiente de lo cachonda que estaba poniéndome.

Yo- Ya te veo, ¿de verdad hubieras sido capaz?.

Ella- Porque solo me pediste que lo calentara, pero si tu me lo pides, seria capaz de eso y mucho mas, si a ti te pone…

El resto del viaje continuamos hablando de lo ocurrido y de lo sorprendido que yo estaba. Me prometió sorprenderme mucho mas durante el fin de semana si así lo quería.

Llegamos al hotelito rural y nos registramos. El hotel por así llamarlo de algún modo, era una casa rural al pie de la montaña donde empezaba el valle. El matrimonio que la gestiona nos explicó que la casa se componía de dos alturas, en la planta superior había cuatro habitaciones con baño completo, y en la parte inferior la recepción, un aseo, la cocina y un salón-comedor-sala de estar. También nos explicaron que el horario de atención al publico era de 8 de la mañana a 11 de la noche, fuera de ese horario ellos no estaban puesto que no vivían en la casa. Nos comentaron que nos darían una llave por si nos gustaba salir y llegar mas tarde de las 11 y que si lo deseábamos, previo pago, podían dejar cargada la barra del bar que tenia el salón por si queríamos quedarnos en la casa. Que ese fin de semana tenían alquiladas otras dos habitaciones a otros dos matrimonios que venían juntos. Con un “os esperamos a la hora de la cena, a las 9, pasenlo bueno” se despidieron y subimos a nuestra habitación a deshacer las maletas.

Después de colocar la ropa en el armario, mi mujer se metió a darse una ducha, yo me dedique a observar el paisaje desde el balcón. al rato llegó un coche por el camino que aparcó frente a la casa junto al nuestro, se bajaron dos matrimonios mas o menos de nuestra edad. Parecían alegres y bromeaban entre ellos, “por lo menos no vamos a desentonar y será una oportunidad de conocer gente”, pensé. Recogieron varias bolsas de supermercado y entraron a la casa.

En eso mi mujer salió de la ducha, envuelta en una mini-toalla que le cubría justo por encima de los pechos y tapaba lo justo por debajo. Se la veía hermosa, con un brillo en la cara que denotaba lo segura de si misma que estaba, sobretodo después del atrevimiento de la gasolinera. Me acerqué a ella y la dí un beso húmedo, apasionado. Ella me abrazó y la toalla se deslizó por su cuerpo cayendo al suelo. Mis manos acariciaron su espalda mientras la besaba en el cuello y los hombros.Mi mujer se vuelve loca cuando lo hago y hasta se le pone la piel de gallina, es un de sus puntos débiles. Metió sus manos bajo mi camiseta, levantándola para quitármela. Me besó el pecho y con su lengua acarició los pezones. Los mordisqueó haciendo que estos reaccionaran de placer. Sus manos desabrocharon mi pantalón y cayó por su propio peso hasta mis tobillos. Continuó besándome mientras comenzaba a bajar por mi pecho. Tiró de mis calzoncillos descubriendo mi miembro. Jugó con el capullo dándole besos y la engullo. Acariciaba con su lengua el glande. Con ritmo lento comenzó la mamada, turnándose para lamerla a lo largo. Con una de sus manos me acariciaba los huevos. Después de un rato realizó el camino inverso y volvimos a fundirnos en otro apasionado beso. La levanté en brazos para tumbarla en la cama, la besé los pechos jugando con la lengua en su redondez mientras se los acariciaba, ella gimió. Hice el camino hasta su cueva entre besos y caricias. Una vez estaba con su sexo a la altura de mi boca, exhale sobre él antes de comenzar a lamerlo, desde abajo hasta llegar a su clítoris. Un escalofrío recorrió su cuerpo y volvió a gemir. Comencé a lamer y sorber sus jugos hasta que entre convulsiones, retorciéndose, intentando huir del placer de mi boca se corrió. Tiro de mi pelo para atraerme hacia ella, darnos otro apasionado beso y rogandome al oído me solicitó que la penetrara, que me necesitaba dentro de ella. Apoye la punta de mi polla a la entrada de su coño y me deje ir, gracias a sus jugos entro de una vez llegando hasta el fondo. Primero despacio, empecé a hacerle el amor, ella me rodeo con sus piernas, empujándome contra ella para disfrutar de otro orgasmo. Me pidió que la diera mas fuerte, que la tratara con dureza, que la follara. La abrí mas las piernas y erguiéndome empecé a bombear con fuerza. Sus tetas se movían al compás de mis embestidas, ella gemía a cada empujón y se agarraba con fuerza a las sabanas de la cama. Empezó a gemir mas fuerte, casi a gritar y tuvo su tercer orgasmo al tiempo que yo me corría con furia en su interior entre gruñidos. Caímos rendidos abrazados hasta la hora de la cena.

Cuando desperté mi mujer se estaba duchando, me levante y entre a ducharme con ella. Después nos vestimos para bajar a cenar. Yo me puse unos pantalones ibicencos y una camisa a juego. Ella no sabia que ponerse, me pidió consejo entre un top negro de manga corta o una blusa hippie. Yo después de ver a los otros huéspedes no quería perder la ocasión de que mi mujer siguiera despertando sus nuevas dotes de calienta machos. La propuse un vestido negro elástico muy cortito, por delante forma dos triángulos que cubren los pechos haciendo un escote hasta el ombligo y se atan por detrás del cuello. Llevaba toda la espalda al aire, dejando claro que no llevaba sujetador. El vestido y unas sandalias atadas al tobillo eran su único atuendo. Se pinto y perfumo para bajar a cenar.

Cuando llegamos al salón, los otros huéspedes ya estaban sentados a la mesa. Los saludamos e hicimos las presentaciones. Ellos se llamaban Carlos y su mujer Natalia, y Javier y su mujer Sonia. Nos sentamos con ellos dado que en el salón solo había una gran mesa para todos los huéspedes. Mientras dábamos cuenta de los platos que nos servían, estuvimos conversando de temas variados y nos enteramos que habían venido a celebrar el cumpleaños de Carlos.

Javier- Nos dijeron que estaríamos solos, que no había mas huéspedes alojados en todo el fin de semana.

Yo- Es lógico, nosotros llamamos ayer, pues hemos preparado el viaje de manera imprevista , ya que por el trabajo nos es difícil coincidir los dos un fin de semana.

Natalia- Esperamos no molestaros mucho, porque teníamos pensado poner música, bailar y tomarnos algo cuando los dueños se retiren por la noche.

Sonia- Ya conocíamos la casa de otra veces y por eso vinimos a celebrarlo aquí. Si no hay mas invitados tenemos la casa para nosotros solos.

Mi mujer- A nosotros no nos molestáis. No queremos cortaros el royo.

Carlos- Gracias, de todas formas espero os unáis a la fiesta de cumpleaños que haremos mañana.

Mi mujer y yo intercambiamos miradas y aceptamos.

Mi mujer- Pero nos retiraremos pronto para no molestaros.

Carlos- Una chica tan guapa como tu nunca molesta.

Durante la cena, Carlos no había dejado de tirarle miradas a mi mujer. Se notaba que le había gustado.

Javier- Bueno pues no se hable mas, mañana después de la cena, cuando se vayan, la montamos.

Nos reímos todos y terminamos la cena charlando amablemente. Una vez acabada la cena nos pasamos al otro extremo del salón donde había tres sofás colocados a modo de U. Javier y yo en el primer sofá, Sonia y Carlos en el siguiente, y mi mujer y Natalia en el restante, quedando pues las mujeres a un lado y los hombres a otro, estando Sonia y Carlos en el centro. Las mujeres pronto hicieron corrillo para hablar de sus cosas y nosotros igual de las nuestras.

Despues de un rato, al mirar hacia donde estaba mi mujer, vi que estaba de lado, hablando con Natalia, debido a que tenia cruzadas las piernas, se le veía todo el muslo gracias a lo corto y apretado del vestido. Javier no perdía ojo intentando ver algo mas. Se le adivinaba el principio del cachete. El cuerpo de mi mujer empezaba a dejar huella en Javier. Le hice una señal a mi mujer disimuladamente para que se diera cuenta de lo interesado que estaba Javier en su cuerpo. Ella rápidamente tiro del vestido para taparse, a lo que yo le hice una mueca de desaprobación y con otra señal le insinué que se dejara llevar. Mi mujer lo entendió a la perfección pues empezó a moverse para que la minifalda descubriera mas carne. Casi se le veía medio cachete. Al mismo tiempo jugaba con su dedo en el escote permitiendo ver medio pecho desde la posición de Javier y yo, casi hasta el pezón. Todo lo hacia con disimulo como si tuviera calor. Javier sudaba intentando que nadie nos diéramos cuenta de lo que sus ojos no podían dejar de observar. Mi mujer descruzo las piernas y se sentó con ellas juntas en dirección a Javier. En un momento dado, que vio que Javier miraba, abrió de manera descuidada las piernas para dejar ver su coño depilado y volver a cruzar las piernas. La cara de Javier era un poema, se le caía la baba, y Carlos hablando y riendo conmigo sin enterarse de nada. El proceso lo repitió unas cuantas veces mas a la vez que seguía jugando con su escote. Hizo saber a Javier que le había descubierto abriéndose de piernas, para mientras Javier le miraba el coño, mirarle a su vez a los ojos y cerrar rapidamente las piernas. Cuando Javier levanto la vista se encontraron con la mirada y mi mujer lejos de hacerse la sorprendida, le guiño un ojo. El juego continuo durante al menos media hora, nos habíamos terminado las copas y todos nos retiramos, además, nosotros, teníamos pensado levantarnos pronto e ir a hacer senderismo, una de nuestras aficiones.

Una vez en la habitación, estuvimos comentando lo ocurrido.

Yo- Vaya con Javier, no te quitaba ojo. – Le comente a mi mujer

Ella- Pues seguro que se ha llevado un buen calentón solo había que ver el bulto de su pantalón – Respondió ella riéndose.

Yo- Parece que se te esta pasando la vergüenza esa que tenias.

Ella- Ya te dije que en este viaje acataría todo lo que me pidieses ¿no?. Y la verdad es que me esta gustando, estoy salida perdida.

Yo- Pues a mi me gusta que seas tan zorra.

Ella- Pues este fin de semana seré tu puta preferida. Ya lo veras.

Yo- ¿Te gusta Javier? parece que no te importaba que te viera el coño.

Ella- No esta mal pero me gusta mas Carlos, tiene un culito muy rico.

Yo- Se me esta ocurriendo una idea…. pero ya te la contaré mañana, cariño.

Nos desnudamos, nos acostamos y volvimos a hacer el amor. Después cansados, nos dormimos hasta el día siguiente.

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