Eran las 5 de la tarde cuando llegué a casa, me encontraba mareada por la bebida que había tomado durante la comida, ese día la embriaguez me producía un grado de excitación al que no estaba acostumbrada desde hacía mucho tiempo.
Mi relaciones sexuales hacía tiempo que habían tomado un rumbo de completo abandono, divorciada, con una hija mayor de edad y que ya no vive en casa conmigo, tengo un amante que casi me dobla la edad, yo tengo 49 recién cumplidos, mi amante más de 70, nuestra relación se basa en la comprensión, rara vez mantenemos una relación sexual, y cuando lo hacemos rara vez me quedo satisfecha, por no decir nunca.
Esa tarde sentía mi braga completamente mojada, mi flujo era abundante, no soy una mujer que se diga atractiva, soy pequeña a pesar de ser rubia y de ojos azules, mis pechos son grandes y cuando me miro en un espejo me doy cuenta que la edad no pasa en vano, mi piel está plagada de estrías y de arrugas, aunque mi vientre este liso, provengo de una familia adinerada aunque soy la oveja negra, y mi amante es una de las personas mas influyente y rica de la ciudad en la que resido, por lo que mi bienestar y el de mi hija están asegurados.
Como mujer soy un completo desorden, mis años de soledad me han llevado a un caos en casa, es una casa inmensa, calentada por calefacción central, por lo que puedo andar completamente desnuda siendo pleno invierno, casi todas las noches, por no decir todas, me regalo a mi misma una botella de Don Perignon para mitigar esos momentos de bajada que me produce estar y sentir la sensación de saber que estoy sola. Llevaba dándole vueltas a una idea mucho tiempo, sabía que yo era el deseo de uno de los chicos de la empresa de mi amante, sabía que me observaba, sabía que en sus ojos brillaba el deseo cuando me miraba, sabía que había estado en casa y sabía que había estado hurgando en mi ropa interior, sabía que se había masturbado con mis bragas sucias que suelo dejar en cualquier sitio de la casa.
Esa tarde tenía la excusa perfecta para llamarlo, unos nuevos aparatos de audio que yo no sabía instalar, sentía como me mojaba y me excitaba más de solo pensar en él y de las cosas que podría hacerme, marqué su número en mi teléfono y cerré los ojos suplicando que fuera él quien cogiera el móvil.
- Si, dígame.
- Hola Samuel, soy Manuela, ¿Usted podría venir a mi casa para colocarme los aparatos de audio que dejó aquí?, no me siento capaz de hacerlo.
- Claro, déme una hora y estoy ahí!
Eran las siete de la tarde, una hora de espera que me parecería eterna, no sabía lo que había hecho, no sabía que ocurriría, pero a cada segundo de espera me sentía más y más mojada, empezaba a sentir calor, pero no sabía que hacer, no quería desnudarme, no quería hacer nada, por un momento me dejé caer en un sofá y hundí mi cara en mis manos deseando llorar, la embriaguez y mi desespero no sabía donde me llevaban, una llamada de teléfono me sacó de mi turbación.
- Manuela, soy Samuel, ¿está usted sola?
- Si.
- Es solo para saber si tengo que llevarme herramientas, o sabe usted donde están en su casa.
- No te preocupes, aquí hay de todo, pero si no puedes o no tienes ganas lo dejamos para otro día, tampoco me corre prisa, Samuel.
- No, ya voy para allá, por eso no se preocupe, tengo todo el tiempo del mundo.
Venía, no había pasado ni cinco minutos, y no tardaría ni diez en llegar, eso me hacía pensar que él lo deseaba tanto como yo.
Me miré en el espejo del salón, llevaba unos pantalones grises de pinzas y una blusa blanca, me desabroché un par de botones para ver como me veía, las estrías entre mis pechos delataban mi edad, ¿que locura estaba haciendo?, ¿Cómo podía pensar que un chico de apenas 30 años, podría fijarse en mi y desear un cuerpo ajado por el tiempo?.
Samuel me sacó de mis pensamientos, sin llamar a la puerta de entrada lo vi parado delante del gran ventanal de mi salón, eso me sacó de mis pensamientos e intenté recobrar la cordura y que tampoco notara lo mareada que me encontraba, pero la verdad es que la sola visión de ese chico me había estremecido de arriba abajo, abrió el ventanal entrando sin dilación, ahí estaba, frente a mi, recorriendo mi cuerpo con su mirada, los botones de mi blusa seguían desabrochado, pero no me atrevía a abrochármelos, mi vista recorrió su cuerpo, y no pude evitar sentir un escalofrío al ver el gran bulto que marcaba su pene debajo de su pantalón, ya todo me dio igual, en ese momento solo deseé caer en sus brazos rendida por el deseo y que me hiciera suya.
Después de unos largos segundos mirándonos me dejó así, de pie, deseosa, sintiendo mi vagina completamente húmeda y comenzó a desempacar el aparato y colocarlo. No supe hacer otra cosa que sentarme en uno de los sillones, doblando las piernas dejando los pies casi debajo de mi culo, de esa manera y sin darme cuenta le ofrecía una visión por completo de la parte central de mis pantalones y de la mancha producida por mi flujo, solo me di cuenta al rato y de tanto mirarme, me di cuenta que era la primera vez en mucho tiempo que mis pezones estaban completamente duros y que se morían de ganas por ser mordidos y chupados, también me di cuenta que la ropa interior que llevaba puesta era la ropa interior de diario, una ropa cómoda, nada excitante, ni insinuante y estuve tentada en ir a cambiarme, pero no me dio tiempo.
Samuel había terminado de colocar el equipo, mucho más rápido de lo que hubiera deseado, mucho más rápido de lo que esperaba, colocó un cd que encontró encima de la mesa y Enya comenzó a sonar, cerré los ojos, apoyé la cabeza en el respaldar y extendí mis brazos por encima de mi cabeza, todo me daba vueltas. No puedo recordar el tiempo que Samuel tardó en colocarse detrás de mi, para mi fue una eternidad, solo puedo recordar sus manos en mi cuello, el hondo suspiro que salió de mi interior, y como sus manos fueron bajando por mi cuello, y se introdujeron por la abertura que dejaba mi blusa, cada una de ellas fue directamente a cada pecho, primero por encima de la tela fina de mi sujetador, para seguidamente buscar el filo y sentir sus firmes manos apretando con ansias mis pechos, apretando mis pezones, no podía ni quería moverme, lo dejaba hacer, consiguió sacar mis pechos por encima del sujetador y dejarlas fuera de mi blusa, retiró sus manos por un momento, el tiempo que usó para darle la vuelta al sofá y colocarse delante. Se arrodilló justo enfrente mía, pude sentir el peso de su cuerpo sobre mis piernas y como nuevamente y con delicadeza sus dedos recorrieron mis pechos, pasaba suavemente la punta de sus dedos por mis pechos sin dejar ningún centímetro sin recorrer, las yemas de sus dedos recorrían mis pezones, que para ese momento ya estaban tan duros que comenzaban a dolerme por esa sensación, no me atrevía a abrir los ojos, cuando sentí su lengua recorrer mis pechos, me corrí por primera vez, y fue la primera vez que abrí los ojos para mirarlo, la dulzura y ternura con la que miraba mis pechos había merecido la pena, solo pude acariciar sus cabellos y dejarlo hacer, siguió y siguió sin cansarse.
Poco a poco fue desabrochando los botones que quedaban de mi blusa y poco a poco y sin dejar de lamer, chupar y pasar su lengua por todos mis pechos fue abriendo mi blusa hasta conseguir que quedara completamente desabrochada, fue cuando comenzó a bajar su lengua por mi vientre, se entretuvo en cada pliegue, y jugó introduciendo su lengua en mi ombligo, sentí sus dedos desabrochando el botón de mi pantalón y como bajaba la cremallera, sentí sus dedos por mis caderas y como intentaba bajar el pantalón, la postura no era fácil, yo continuaba sentada sobre mis pies, aunque a la vez era lo suficientemente fácil para mi levantar mi culo para dejar que bajara el pantalón hasta mis muslos, y así lo hice, el olor de mi sexo inundó la habitación, llevaba toda la tarde mojada y el olor debía ser penetrante, sentí hasta vergüenza, volvió a pegar su cara en mi vientre y comenzó a bajar lentamente hasta sentir como pegaba su cara en mi braga y aspiraba profundamente, podía sentir su lengua recorrer mi braga por encima de ella, y como succionaba con sus labios, intentando llevarse todo lo que podía de mis jugos, tiró de mi hasta conseguir sacar mis piernas de debajo mía y colocándome los pies al filo del sillón me dejó ofreciéndole una visión completa de mi braga, sabía que tal como estaba conseguía alcanzar sin dificultad hasta la entrada de mi ano, pude ver la mancha producida por mi excitación, en ese momento me miró, una sonrisa se dibujo en su rostro, sus ojos brillaban, me mordí los labios y como pude coloqué mis manos en su cabeza para atraerlo hasta mi braga.
Sus manos recorrieron mis pechos y bajaron por mi vientre, rozaron el filo de mi braga y continuo acariciando suavemente mis muslos, mientras seguía jugando con su lengua por encima de la fina tela, podía sentir su lengua recorrer todos mis labios, sentía como llegaba a la entrada de mi ano, el calor de su lengua y su respiración me estaba llevando a alcanzar un nuevo clímax, de pronto paró y con la ayuda de sus manos fue tirando del borde de mi braga hasta ver como me las quitaba, quedé completamente expuesta a su mirada, cerré los ojos y lo dejé hacer, me daba vergüenza mirarlo. Sus manos tiraron de mi braga y mis pantalones hasta conseguir sacármelos, dejándome únicamente con las medias de color carne a medio muslo, no tengo mucha cantidad de vello púbico, y mis labios son grandes.
Lo que segundos antes había sido dulzura y suavidad se convirtió en desenfreno y pasión, su lengua recorría mis labios, los abría, chupada con fruición, metía su lengua dentro de mi, chupaba y mordía mis labios y mi clítoris, y cada pasaba conseguía sacar de lo más hondo de mi interior gemidos y gritos que no quería ahogar, sus manos recorrían mis muslos, abrían mis labios para dejar paso a su caliente lengua, pasaba de mi vagina a mi ano, sentía su lengua adentrarse todo lo que podía dentro de mi, tanto en la vagina como en mi ano, todos estos estremecimientos me estaban llevando de nuevo al orgasmo, estallando en un mar de flujo, que con deleite contemplé como se afanaba por recoger con su lengua.
Por unos segundos me dejó extasiada, y tuve que separarlo para recuperarme, como pude lo cogí por la cabeza y lo hice levantar delante mía, era mi turno, mirándolo a los ojos, desabroché como pude el cinturón de su pantalón, el botón y la cremallera y sin apartar mis ojos de los suyos, bajé con suavidad pantalón y slip, ante mis ojos saltó su vara completamente tiesa, su prepucio lleno de su liquido preseminal, era tremendamente gorda, pero no demasiado grande, unos 18 cms, mis manos recorrieron su pene por completo, y abriendo la boca, me acerqué hasta alcanzar mi premio, su sabor salado inundó mi boca, primero mi lengua jugó con todo su pene, pero estaba tan excitada que no quería juegos, deseaba con ansias sentir el sabor de su semen en mi garganta, comencé a chupar con ansías y fuerza, podía escuchar sus gemidos, podía sentir como su pene se endurecía, era tan gordo que me costaba conseguir abrir la boca lo suficiente para hacerlo entrar, lo masturbaba con las dos manos, apretando, sintiendo como sus venas se dibujaban entre mis dedos, bastaron varios minutos para sentir como me sujetaba por los cabellos, la dureza anterior a la explosión, y mi boca se vio inundada por un sin fin de semen que a duras penas conseguía tragar, pero no estaba dispuesta a dejar escapar ni una sola gota de su rico manjar.
Seguí chupando hasta sentir como su pene perdía la dureza del primer acto, Samuel estaba extasiado, me sujetaba por los cabellos y seguía buscando mi boca con su pene, pude sentir como pasaba de la dureza a la relajación y de la relajación de nuevo a la dureza, podía verla palpitar y como se quedaba totalmente inhiesta, llegando su prepucio hasta su abdomen, yo volvía a estar completamente mojada de solo pensar en lo que pronto recibiría dentro de mi, me levanté del sofá y él terminó de sacarse los pantalones, y cogiéndolo de la mano me lo llevé en dirección a mi dormitorio, ambos en la puerta terminamos de desnudarnos, fundiendo nuestras bocas en apasionados besos como si fuéramos unos chiquillos que fueran a hacer el amor por primera vez. Ahora yo estaba dispuesta a llevar la iniciativa, lo llevé hasta la cama y dejé que se tendiera boca arriba, me subí a la cama de pie dejándolo entre mis piernas y coloqué mis pies a cada lado de su cara, me había gustado sentir su lengua caliente en mi mojada vagina, de cuclillas sobre él lo dejé que aguantándome por los muslos, volviera a saborear mis jugos que en esta postura caían sin remedio sobre su boca, él pasaba de mi vagina a mi ano, eso me excitaba horrores.
Sentir su lengua caliente entrando por mi puerta trasera, era algo que había olvidado por completo, cuando no pude aguantar más fui resbalando todo mi sexo por su pecho, su vientre, hasta encontrarme con la dureza de su prepucio entre mis nalgas, su primera intención fue invadir ese espacio, pero eso quería dejarlo para el final, así que yo misma tomé su pene y lo dirigí a la entrada de mi vagina y me dejé caer hasta sentirla por completo dentro de mi, podía sentir sus testículos en la entrada de mi vagina, queriendo incluso entrar acompañando a su verga, yo misma comencé movimientos cada vez más rápidos y más fuertes, quería sentir en su totalidad su gorda verga dentro de mi, él me dejaba hacer, y solo se dedicaba a intentar morder mis pechos cuando los dejaba lo suficientemente cerca de su boca, estuve botando sobre su pene hasta volver a correrme, dejándome caer sobre su pecho, pero él estaba mucho más excitado de lo que yo esperaba, me giró y tomó el mando, quedé sobre la cama y él sobre mi, entrando en mi vagina como un salvaje, me empalaba hasta sentir con furia el choque de sus testículos en la entrada de mi ano, mis piernas se doblaron sobre su pecho para de esa manera conseguir parar sus embistes, no tardó en correrse dentro de mi, y yo de esta forma lo volví a hacer con él, sentir el calor de su semen recorrer mis entrañas, me había vuelto a llevar al orgasmo, cayó sobre mi, rendido por el esfuerzo, y ambos quedamos medio adormilados, me giré dándole la espalda y de esa manera ofrecer mi espalda y mis nalgas a su maltrecho pene, sus fuertes brazos me abrazaron y quedé dormida con su pene entre mis nalgas y mis pechos entre sus manos.
Era bien entrada la noche cuando Samuel me despertó, o más bien me despertó su pene entre mis nalgas, volvía a estar dura como una piedra y está vez de espalda a mi y sin apenas preámbulos hundió su pene de nuevo en mi vagina, sacándome por completo de mi reparador sueño, y aunque lo había hecho sin apenas lubricación le bastaron apenas unas fuertes embestidas para verme de nuevo rendida y de nuevo completamente mojada, sus manos agarraban con fuerzas mis nalgas y me las abría, podía sentir como llegaba a abrir incluso la entrada de mi ano, varias embestidas le bastaron para hacerme girar y verme tendida boca abajo sobre la cama y él sobre mi, hundiendo con fuerza su duro pene, se levantó quedando de rodillas y tiró de mi hasta hacerme cambiar y dejarme a cuatro delante de él, en esta postura podía meter con más fuerza su pene, me estaba llevando al limite, podía sentir su cuerpo chocar con fuerza en mis nalgas, y antes de lo que yo esperaba me había vuelto a correr, me tenía completamente rendida, me dejaba hacer totalmente, estaba tan excitada que necesitaba sentir su pene rompiendo mi estrecho esfínter, dejé caer mi cara en la cama y con mis manos me abrí las nalgas para que de esa manera se diera cuenta de lo que deseaba, mis deseos enseguida fueron entendidos, sacó su pene de mi vagina y buscó la entrada de mi ano, sabía que la entrada de algo tan gordo sería doloroso, pero después de varios intentos, su prepucio consiguió entrar, mi excitación era tal, que solo deseaba más y más y comencé a gemir como una loca, mientras él se tomaba su tiempo, y observaba como su pene iba entrando despacio en mi estrecho canal, me faltaba la respiración cuando sentí que sus testículos tocaban mi vagina, sentía sus manos apretando mis nalgas y como se tomó su tiempo para volverla a sacar por completo para volverla a meter de una sola vez, y ahí comenzó un mete y saca enloquecedor, tardó más de 15 minutos en soltar una tremenda cantidad de leche en mi interior, volví de nuevo a correrme, para mí era como si fuera la primera, hacía años que no había sentido esa pasión al hacer el amor, ambos nos dejamos caer en la cama y volvimos a quedarnos dormidos.
Cuando desperté por la mañana Samuel ya no estaba en mi cama, solo quedaba el olor de su cuerpo entre mis sábanas y Enya sonando en el aparato de música.