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Follando con mi suegro
Autor: mirra
Fecha: 31-03-2006

Todo ocurrió durante estas vacaciones de verano, yo no tenía ningún plan para las vacaciones de agosto y por ello mi novio me invitó unos días a su apartamento en la costa valenciana. El apartamento era de sus padres y evidentemente iban a estar allí, pero para mi aquello no era ningún problema porque siempre me he llevado muy bien con ellos.

Me presentaré, me llamo Noelia y tengo 23 años, mido 1.67 de altura y peso 54 kg. Tengo unas piernas largas, el vientre plano, un culo durito y respingón y uso la talla 95 de sujetador; vamos, de cuerpo no estoy nada mal porque me lo cuido muchísimo.

Así pues tengo que confesar que el padre de mi novio me atrae desde que le conocí, es un hombre de 56 años, no muy alto pero con unos hermosos ojos azules. Sus labios son como los de su hijo, carnosos y apetecibles. No es que sea tan guapo como su hijo, pero es muy inteligente y me da mucho morbo. Cuando supe que pasaría unos días con él mis fantasías se pusieron en marcha, en mi cabeza siempre estaba el "y sí...". Los primeros días que pasé allí fueron muy tranquilos, mi novio y yo nos levantábamos tarde, íbamos a la playa con sus padres, comíamos, íbamos a la piscina, volvíamos a casa a ducharnos y a cenar y salíamos hasta que la noche se aclaraba.

Desde el primer día que bajé a la playa noté como Álvaro, mi suegro, no me quitaba ojo de encima, pues con toda intención me había comprado un bikini blanco muy coqueto, y si a mi novio le volvía loco, ¿por qué a su padre no?... De este modo llegó el jueves por la noche, yo estaba cansadísima de salir todas las noches de fiesta, pero mi novio no, así que él se fue y yo me quedé con sus padres. Álvaro me ofreció jugar a las cartas y mientras Ana, su mujer, se preparaba para salir con su hermana como todas las noches. Cuando ya estaba lista le preguntó a Álvaro si no saldría esa noche y para mi sorpresa y deleite él dijo que no, que se quedaría a hacerme compañía. A Ana le pareció bien la idea y se fue.

- Álvaro, no te quedes por mí, ya buscaré algo para entretenerme.

Me miró con unos ojos que me recordaron a los de su hijo cuando me desea pero no puede tenerme y sin más sentí una excitación inmensa, ¡me deseaba y quizá tanto como yo a él!.

- No te preocupes, prefiero quedarme a jugar contigo.

Supongo que lo dijo con intención de provocar, y si no lo hizo consiguió que mi cuerpo reaccionara a una insinuación tan superficial como excitante. Me sentía caliente, pero aun era completamente dueña de mi misma y guardaba la compostura, lo único que me delataba eran mis pezones que se marcaban exageradamente a través de mi top. Pero mi reacción no le pasó desapercibida pues se quedó mirando mis abultados pechos y se humedeció los labios.

- Oye Noelia, ¿te apetece jugar a otro juego?.

- Depende.

- Juguemos al poker, y en vez de apostar dinero apostamos una prenda o una prueba.

- Por mi bien, pero yo no se jugar al poker - sabía a lo que me atenía al aceptar, no sabía jugar, así que perdería todas las partidas. Estaba a merced de mi suegro.

Primero jugamos una partida de prueba mientras Álvaro intentaba enseñarme, pero aunque me dio ventajas perdí. Así que empezó la siguiente. La puesta inicial fue la camiseta y como seguía sin entender el juego, aun hoy no se jugar, perdí. No me molestó perder, todo lo contrario, la excitación que tenía hasta ese momento no era nada como la que sentí cuando dejé caer el top al suelo y mis pechos quedaron libres para exhibirse.

- ¡Vaya! - se le escapó la exclamación a la vez que una de sus manos se escapaba debajo de la mesa, supongo que para sobarse la polla.

Empezó un nuevo juego, que aun duró menos que el anterior y que evidentemente también perdí. La apuesta había sido prueba, así que le tocaba mandarme algo. Después de unos segundos pensando dijo:

- Tienes que masturbarte delante de mi.

Me estremecí, nunca me había masturbado delante de nadie, pero la idea me encantaba. No quería que viese mi coño, no se lo quería poner tan fácil. Me recosté en el sofá con las piernas abiertas y apoyadas en la mesita de café. El ambiente estaba muy caldeado, y mi coño me pedía un orgasmo urgentemente, estaba apunto de estallar. Fui lo más lenta que pude, primero me humedecí los dedos con mi saliva para pellizcar mis pezones, que me dolían de lo duros que estaban. Poco a poco bajé la mano hacia mi short y primero me acaricié el clítoris por encima. Se notaba muchísimo, duro e hinchado, deseoso de una buena lengua que lo chupara, pero tenía que conformarse con mis deditos. Miré la cara de mi suegro, que me miraba fijamente mientras se acariciaba el bulto que su dura polla formaba debajo del pantalón. Metí la mano debajo de mi pantalón y empecé a masturbarme como loca sin poder contenerme más, mientras con la otra mano pellizcaba mis pezones. El orgasmo tardó poco en llegar y no reprimí los gritos que me produjo. Saqué los dedos del pantalón, manchados de flujo como estaban se los ofrecí a mi suegro, que los chupó con muchas ganas.

- Noelia, no puedo seguir jugando, si no me la chupas ya creo que me volveré loco.

Aquello fue la gota que colmó el vaso, me arrodillé entre sus piernas y saqué su vergón. Era grande, recto y gordo, mediría aproximadamente 19-20 centímetros, como la de su hijo, auque era más gruesa. Saqué también sus huevos, los cuales chupé delicadamente y fui subiendo la lengua hasta la punta de la verga, me encantaba su sabor, tan rico y varonil que no pude aguantar y me la metí en la boca. Chupaba y chupaba mientras él gritaba:

- Noe, chupa pequeña, ¡más rápido! Voy a correrme, ¡tengo que correrme! Chupa pequeña, trágate todo lo que te doy.

Y así, sin más, en menos de dos minutos noté mi boca llena del espeso semen de mi suegro, un semen que había deseado durante mucho tiempo, y lo tragué y limpié la polla hasta que no quedó ni rastro. Para mi sorpresa la polla seguí dura como un palo, y mientras él acariciaba mi pelo y empujaba ligeramente mi cabeza yo seguía chupando.

- Que mamada, nunca había sentido nada igual, que bueno pequeña.

- Pues todavía no ha terminado, tu polla sigue bien dura, como a mi me gusta, y quiero tenerla dentro, bien dentro.

Él respiró hondo, se levantó de golpe y me cogió del brazo y prácticamente me arrastró hasta su habitación donde me tumbó y me acabó de desnudar. Me abrió las piernas y empezó a lamer mi coño como todo un profesional, hasta ese momento el sexo oral había sido para mi simplemente satisfactorio, la verdad es que nunca había estado relajada porque siempre he pensado que a mi novio no le gustaba, pero ahora estaba siendo toda una delicia, su lengua recorría todos mis rincones, notaba como él saboreaba mis jugos, como introducía su lengua y como pellizcaba ligeramente mi clítoris. Me dio dos orgasmos así y yo seguía igual o más caliente que al principio, hasta que cuando noté que el tercer orgasmo llegaba le levanté sin compasión y lo tumbé en la cama, me puse encima de él y le cabalgué como loca, subiendo y bajando. Su polla me taladraba por dentro, él me cogía de las caderas y hacía fuerza hasta que se metía hasta el fondo, se movía de una forma que me daba muchísimo gusto. Se corrió, llenándome de su leche exquisita. Caí rendida a su lado mientras él me abrazaba y me daba pequeños besos en el pelo.

Nos levantamos y arreglamos la casa, pero antes de vestirnos y de sentarnos a ver la tele follamos en el sofá, como si antes no hubiésemos hecho nada. A partir de entonces mi suegro y yo repetimos la experiencia de vez en cuando, aunque tampoco abusamos, y esto es totalmente verídico.

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