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Especial para mentes calenturientas (Continuación alternativa).
Autor: Desconocido
Fecha: 09-02-2010

"Te arrodillas separando aún más mis nalgas y acercas la cara a mi empapado sexo... En una situación así me encantaría que frotases tu cara por todo mi coñito para bañarte en mis jugos. Te pediría que me lamieses todo el coñito y el clítoris y que me metieras la lengua en mis dos orificios... Eso haría que me volviese loca y me pusiera a cuatro patas ofreciéndome a ti y suplicándote que me follaras como a una perra en celo, que me hicieras sentir tu polla en mi coñito palpitante y que me desvirgaras el culito... El resto de la historia corre a cargo de tu imaginación. Espero haberte hecho sentir algo más que cosquillas en la entrepierna. (by Venus)"

Lamer tu coñito, introducir levemente la punta de mi lengua en tu culito... Cómo podría quedarme impasible al oír tus gemidos, tu voz ronca pidiendo que siga y siga hasta hacerte volver loca.

Así que continúo acariciando tu culito, pasando las manos por el interior de tus muslos. Me gusta sentir esa piel tan suave, cercana a la entrepierna, un bocado delicioso y un digno objetivo para mi lengua, que no para de recorrerte.

Mi cara esta llena de tu flujo, tanto he profundizado en tu intimidad. Y ahora es momento de que mis dedos pasen al ataque y penetren entre tus labios. Junto el índice y el corazón y los dirijo hacia tu ano, das un involuntario respingo al sentirlos rozar. Desde ahí deslizo las yemas hacia abajo, separando los labios, arrastrando el flujo que perla la suavidad rosada de tu coñito. Hacia el centro los proyecto hacia delante y penetro muy suavemente. Tu respiración se corta un instante y luego lanzas un largo suspiro que se estrangula al final, cuando mis nudillos anuncian que ya es imposible penetrarte más. Muevo las puntas de los dedos, girando, explorando, percibiendo la entrada de tu útero, las paredes interiores de tu coñito, la humedad que sigue empapando y saliendo a raudales.

El aroma que desprende tu coñito llena la habitación con un testimonio de feminidad y deseo descontrolado. Tus caderas responden iniciando una lenta danza mientras tu cara descansa en la alfombra, tu pelo alborotado y desparramado y las manos apretadas, los nudillos blancos por la tensión. Tu culito está levantado y tu espalda arqueada como un gatito cuando se despereza. El sudor corre por ella, los ojos cerrados y el entrecejo fruncido por la concentración.

Mis dedos siguen dentro de ti, buscando tu punto más sensible. Sé que lo buscas a menudo cuando te masturbas, pero que yo lo encuentro antes y mejor. Sabes que cuando lo acaricie tu cuerpo y tu mente irán paralelos en el aumento de la excitación, pero ninguno podrá ni querrá retener al otro: estarás a mi merced, entregada y abierta para mí.

Sólo doy un instante de tregua para untar mi pulgar en tu flujo, recojo el fluido lechoso y añado algo de mi propia saliva. Su destino será el botoncito oscuro que me hace muecas, abriéndose un poco cada vez que mis dedos te llenan, como pidiendo participar en la fiesta, como haciendo una mueca de asombro.

Apoyo la yema del dedo sobre tu ano como haría para pulsar el botón de lanzamiento de misiles, con los nervios contenidos, la respiración casi detenida. Quiero observar tu reacción. Presiono suavemente y entra unos centímetros, tu esfínter se relaja un instante pero de pronto se cierra sobre él y tu cabeza se alza como si estuviera conectada directamente con tu ano. Giras la cara hacia mi y me miras un instante... y luego abres más aún tus nalgas con una mano, para que el campo quede libre y rendido a la invasión.

El movimiento del pulgar se sincroniza con el de los demás dedos, va relajando tu ano a medida que la excitación va ganando terreno al miedo al dolor. No es la primera vez que voy a intentar poseer tu entrada trasera, pero todavía sientes alguna molestia cuando inicio mis caricias y temes que vuelva a hacerte daño con mi polla como ocurrió las primeras veces. Aunque tu desearas ser follada por tu culo, aunque yo fuera cuidadoso y tierno, con él y contigo, la molestia es inevitable en un recto neófito.

Pero también recuerdas la excitación al empezar a llenarte desde atrás, como al mismo tiempo tu coño se expandía y acogía mis dedos primero y el consolador después. Ese juguete de látex, mayor y más erecto que mi polla, pero menos imaginativo y cálido a la hora de darte placer, es un excelente compañero para una doble penetración en pareja.

Tus pechos rozan la alfombra y tus pezones está tan sensibles que hasta los arrastras por ella y te excitas con el roce. No te basta y con la mano libre te pellizcas uno de ellos, lo retuerces, hasta causarte dolor, hasta dejarlo enrojecido y erecto.

Colaboro alcanzando el pecho libre y lo tomo en mis manos, lo presiono con suavidad, lo acaricio, mientras paso mis piernas por debajo de ti. Quiero acercar mi polla a tu labios. Quiero que la chupes y la llenes con tu saliva, porque inmediatamente después, y tu lo sabes muy bien, me pondré detrás de ti y te llenaré toda. Desvirgaré por fin tu culito como estás deseando.

Captas la idea, sin palabras, no hacen falta. Nos hemos compenetrado siempre bien a la hora de gozarnos. Y agarras el tronco y cierras tus labios sobre el glande. Desplazas la piel hacia atrás, con tanta brusquedad que me duele. Pero no quiero cortarte, no quiero interrumpir ese momento en que te la comes toda hasta casi llegar a la garganta.

Con toda intención dejas caer tu saliva que resbala fuera de tu boca, rebaso tus dedos cerrados en torno a mi polla y llega a mojar mis huevos. Cabeceas sobre mi nabo como si fuera cuestión de vida o muerte y no se si me excita más la mamada que me estás haciendo o el cuadro de tu cara con los ojos cerrados, la boca forzada para acogerme, el llenarse y vaciarse de tu mejillas al ritmo de las chupadas o el gemido que sale de tu pecho, como una letanía.

Acelero mis dedos en tu coñito y en tu culo. Mi pulgar entra y sale sin trabas. Siento la calidez de tu recto invitándome y mi polla está a punto de reventar: tu boca es muy sabia y conoce perfectamente el camino para hacerme explotar.

La saco de entre tus labios y te quedas un instante con cara de confusión, como la de un niño al que le arrebatan una piruleta sin explicación ni motivo. Pero cuando sientes mis muslos contra los tuyos, el vacío repentino en tus orificios cuando saco mis dedos, apoyas los codos en la alfombra y metes los deos entre tu pelo, como buscando un asidero que te preserve del vértigo que vendrá a continuación, ahora que estoy apoyando mi glande en tu ano, ahora que separo tus nalgas con mis dedos para dejar el objetivo libre: tu ano me espera, toda tu me estás esperando y deseando...

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Por Los Pelos