Mi nariz se introducía entre sus dedos para sentir ese olor peculiar de un verdadero hombre, mis labios pudieron recorrer cada parte de esos exquisitos pies masculinos.
Este es mi segundo relato publicado. Para refrescarle la memoria me llamo Rafa y soy de la bella ciudad de Panamá.
Ese día estaba aburrido y no sabía para donde ir, así que me puse a lujuriar a los manes que pasaban por enfrente de mí y así, por lo menos fantasear con ellos en mi imaginación. Pensando como estaría a esa hora del día sus pies. Me imaginaba sentirle el olor rico a pies, unos pies sudados, un olor a macho. Pero como deseaba en ese momento descargar un poco de pasión, me dispuse a ir a un cine donde se presenta películas porno. Cuando entré había una tanda de locas caminando de un lado a otro con ganas de tener una verga en la boca.
Después de ver ese panorama me decepcioné, así que pensé que sería mejor haberme ido a mi casa. Pero para no perder lo que había pagado, me dispuse a que me quedaría un rato hasta que me cansara. Busqué una banca y me senté en una parte bastante oscura. Observaba la película para que me entrara la excitación y así hacerme una paja en el nombre de algún hombre.
Mientras me pajeaba sentí que se sentó al lado una persona, así que guardé mi verga porque pensé que era una loca de esas que estaban sedientas de placer igual que yo. Luego, cuando miro con el rabo del ojo noto que era un negro, pero no era un negro cualquiera. Era un negro grande y fuerte, bien macho. Después de un rato noto que él se quita el suéter, por que hacía calor. En ese instante mi corazón comenzó a latir cada vez más. El no miraba hacia donde estaba sentado, su mirada estaba concentrada en la película, al menos pensé eso. Después de un rato siento que él se baja el zipper del pantalón y se saca poco a poco el pene, era descomunal, era sumamente grandote. Noto como se masturbaba sin importarle que estuviera yo allí. No sabía como sentarme, por que eso me ponía a millón.
Para tantearlo le hice señas para ver si me podía sentar a su lado y sin dudarlo me movió la cabeza con afirmación. Así que me senté al lado de él. No me di cuenta cuando ya tenía en mis manos ese pesazo de verga. Él me hace señas de que se la mame y sin pensarlo mucho me lo metí delicadamente a la boca. Tenía un olor a sudor, un olor muy singular al de las mayorías de los hombres. Mis labios jugueteaban con ese pedazo de verga. La mamé toda, incluso le lamí los testículos, el sabor de ese macho era espectacular. Luego guía mi cabeza con sus manos y me hace que le huela los pelos de la verga, me susurra y me pregunta:?¿te gusta como huele??, le respondí que si que era fenomenal.
Después de un rato de estar allí ocupado con su verga me dice: ?bésame los pechos?, ni un instante dudé y obedecí. Como hacía calor podía sentir el sudor bajarle desde su cabeza y seguir por el abdomen. No solo le besé los pechos sino que mis labios recorrieron cada parte de su cuerpo marcado por cada unos de sus músculos, sintiendo ese sabor masculino. Estaba rico, tan rico, que mis labios, como dirigidos por un imán llegaron a las axilas de él. Era un olor indescriptible que me volvía loco. Lo único que hacía era cerrar los ojos del placer que le producía todo lo que yo le hacía.
Posteriormente, vuelvo a la verga de él. Sentí de pronto unos chorros leche en mi boca. Él pensó que iba a sacar la verga, así que me agarró la cabeza para que no sacara la verga de la boca. Estaría loco si desperdiciaba esa leche paterna. Fueron varias pulsaciones de leche hasta que pude retirar esa verga de mi boca. Fue sensacional lo que me acaba de ocurrir. Claro está para él también, porque me dijo que esa mamada estaba deliciosa.
Después de eso él se recuesta en la banca y saca sus pies de sus botas de construcción. Le pregunto si le dolían los pies y me contestó que sí. Me dijo que estaba trabajando y fue allí para distraer su mente. Que acaba de salir de trabajar. Como yo quería saborear unos pies, no sabía como decirle que quería lamerlo. Así que le dije que si quería que le hiciera un masaje y me dijo que estaba bien. De manera que él subió unos de sus pies en mi muslo y comencé a masajearlo con las medias puestas. El olor de las medias era tan masculino que quería sentir el mismo olor de sus pies. Por lo que le quité las medias y poco a poco mis labios comenzaron a recorrer dedo por dedo de ese rico pie. Calzaba como un once de zapatos, porque estaban grandes. Emanaban un olor que no puedo describir, ya que solo el que vive esa sensación lo puede decir. Sus pies eran ásperos como los de un verdadero macho.
Así que nuevamente comenzó la excitación. Lo único que hacía era cerrar los ojos del placer que le producía esa sensación que para él era algo novedoso. Bueno, al menos eso fue lo que me dijo, que nadie antes había hecho eso. Mi nariz se introducía entre sus dedos para sentir ese olor peculiar de un verdadero hombre. Mis labios pudieron recorrer cada parte de esos exquisitos pies masculino. Fue como una hora de masaje, besos y caricias en esos pies negros. Pies que pudieron complacer lo que estaba buscando con ese día tan caluroso. Mientras disfrutaba de esos pies, él se masturbaba con gran fuerza hasta que pudo venirse nuevamente. Solo me pidió que me quería echar la leche en la boca para que no se desperdiciara.