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Mi amiga Lourdes
Autor: Desconocido
Fecha: 10-10-2010

Nunca me pude imaginar que tendría esta
experiencia con mi amiga Lourdes hace cuatro años. Es
cierto que cuando estamos madurando siempre nos surge
alguna experiencia lésbica, sobre todo con alguna de
tus amigas. Yo no iba a ser la excepción. Ya sabes, se
habla de chicos, nos desnudamos juntas, observas el
cuerpo de tu amiga, nos contamos experiencias con
chicas e incluso, tenemos alguna masturbación ambas,
llegando incluso a acariciar el cuerpo de tu amiga
para darle más placer si te lo pide. Nunca le presté
mayor importancia, aunque debo decir que me gustaba
ese tipo de juegos. Después me casé y nunca tuve otra
relación con una mujer hasta lo pasado con Lourdes.

Tenía 47 años por aquel entonces, morena, ojos
marrones y aún conservo bastante bien mis líneas. Mido
sobre 1,68 m.. peso sobre 70 Kg. Tengo unos senos
aceptables (100) y el resto del cuerpo tampoco ha
perdido sus encantos, sobre todo estoy muy contenta
con mi trasero.


Pero bueno, vamos a relatar mi experiencia que es
lo que importa.

Era verano. Los niños estaban fuera y nuestros
maridos en su trabajo. Habíamos venido de la playa y
como casi siempre, nos fuimos a casa de Lourdes para
ducharnos y ponernos ropa más adecuada. Teníamos mucha
confianza y eso nos permitía ducharnos juntas sin
ningún pudor y en más de una ocasión me fijaba en el
cuerpo de Lourdes. La verdad, es que a sus 38 años
conservaba un tipo muy, pero que muy atractivo. Tenia
una boca no muy grande, pero sensual, pero sobre todo,
me llamaba la atención su cuerpo, pero nunca se me
había pasado por la cabeza llegar a algo más con ella
que las bromas o el mutuo enjabonado. Alguna vez me
rozó mi pecho, e incluso me enjabonaba con las manos.
Nunca pasamos de eso hasta que llegó aquélla ocasión.

Salimos del baño con un simple albornoz, debido
al calor que hacia. Nos sentamos en el salón, y, como
tantas veces, nos preparamos unas copas y algo de
picar.

No recuerdo muy bien como y porqué se inició una
conversación acerca del sexo y de las actitudes de los
hombres. Me acuerdo que empezamos a hablar sobre el
placer que sentíamos cuando un hombre nos acariciaba y
besaba los pechos. Comentamos si ellos sentirán el
mismo placer y sin esperármelo, Lourdes me dijo algo
así:
- Pues a mí me gustaría saberlo.
Me quedé mirándola con cierta sorpresa y
desconcierto, ya que no esperaba esa respuesta.
- Seguro que para ellos es algo especial.
Acariciar y besar los pechos de una mujer debe de
excitarles mucho.

Los ojos de Lourdes trasmitían una expresión
diferente a lo que había visto hasta ese momento.
Grandes y brillantes. Me desconcertaron e hicieron que
me sintiera un punto incómoda que traté de superar
sirviéndome otra copa y dándole un buen trago.

- Gloria, me dijo. A otra mujer a lo mejor no se
lo diría, pero somos amigas desde hace tiempo y ese
deseo me gustaría realizarlo....

- ¡Estas pasada¡ le interrumpí. Deben ser las dos
copas que te has tomado.

- Bueno, es posible, me dijo sin darle mayor
importancia. Pero me gustaría probarlo.

No supe que contestarle, quizás las copas, quizás
el morbo, no sé... pero no me dio opción y antes de
que pudiera contestarle me abrió el albornoz para
posar un beso en mi pezón derecho. Lo primero que
sentí fue un latigazo electrizante. Sin quererlo noté
que mis pezones se endurecían.
- Lourdes, ¡por favor¡ atiné a decir
Pero ella continuaba. Ahora, no solamente me
besaba, sino que su lengua empezaba a recorrer todo el
pecho. Sentí en ese momento que mi respiración se
entrecortaba, aunque en ese momento sólo era yo quien
sentía esa sensación. Quería apartar su cabeza de mi
pecho, pero una extraña fuerza no me lo permitía.

La situación era tensa, el silencio se apoderó de
nosotras dos. Lourdes continuaba su exploración y yo
asistía entre un no querer y desear.

En ese momento noté que su mano se posaba en mi
otro pecho para acariciarlo. Notaba la suavidad de sus
manos y el roce de sus uñas contra mi pezón. ¡Dios¡
que sensaciones me estaban atravesando, mientras que mi
cerebro estaba como narcotizado. Mis brazos no eran
capaz de apartar de mis pechos ni su boca, ni sus
manos. El placer estaba acabando con mi resistencia.

- ¡Lourdes¡ por favor... Mis palabras no sonaban
amenazantes y menos mi mano resultó suficiente cuando
la tomé por la muñeca intentando separarla de mi
pecho. Al contrario, fue tan débil que Lourdes lo
interpretó como una aprobación.
- Me gusta, me susurró, me gustan tus pechos y
siguió acariciándolos, ahora abiertamente y sin ningún
reparo, si es que antes tenía alguno.

A esas alturas mi voluntad era de entrega y la
respiración dejó de ser silenciosa para hacerse más
agitada.

Fue entonces cuando Lourdes, sin dejar de
acariciarme los pechos, comenzó a subir sus besos por
el hombro, el cuello, la oreja... Yo ya no hacia otra
cosa que recibirlos con placer. Estaba excitada.
Notaba la explosión de los flujos de mi sexo sin que
pudiera remediarlo ni desearlo.

Mi boca se abría para tomar aire y sentí sus
labios posarse en los míos suavemente. Un torrente de
placer me recorrió todo el cuerpo, desde mi cabeza
hasta la punta de los pies. Ahora era su lengua la que
penetraba en mi boca buscando la respuesta de la mía
que no se hizo tardar. Mientras el beso era largo y
profundo, noté como me desataba el cinturón del
albornoz y su mano comenzaba a acariciar mi cueva.
Primero los labios, luego me penetraba suavemente
hasta comenzar con mi clítoris. No pude reprimir un
suspiro de placer, para soltar a continuación otro y
luego otro

Me acostó en el sofá, se quitó el albornoz y se
echó encima de mí. Aquél cuerpo y aquellos pechos que
tan sensuales me parecían ahora esa sensación se
multiplicaba y provocaba en mi cuerpo oleadas de
placer. Su boca en mi boca, sus pechos en los míos y
su sexo en el mío.

La tomé por sus hombros, la acariciaba, mientras
nuestros cuerpos se movían al unísono. Notaba su
respiración acelerada, como la mía y los gritos de
placer de las dos se oían en todo el salón.

Me estás destrozando de placer. Siento que voy a
llegar me dijo. Yo también le contesté. Yo también, no
pares por favor. Fueron como palabras mágicas ya que
en ese momento explotamos las dos en un orgasmo como
jamás había sentido. Mis brazos apretaban su culo para
apurar hasta el límite el contacto y así prolongarlo
lo máximo posible.

Quedamos extenuadas, tal y como estábamos,
mientras Lourdes me daba pequeños besos cariñosos por
toda la cara.

- Siempre te deseé, me dijo, y hoy he podido por
fin cumplir mi fantasía. Le devolví una sonrisa
acompañada de un tierno beso.

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