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Mi amiga Lorena
Autor: Laurita
Fecha: 30-09-2006

Hola, me llamo Laura y hace años que leo los relatos eróticos de esta sección, y siempre pensé que cosas como esas no ocurrían nunca en la vida real. Después de este verano ya no opino lo mismo ya que a mi me ocurrió algo que siempre había soñado que me pudiera pasar pero que no creía que pasara jamás.

Cuando bajaba por la avenida que lleva a casa me crucé con una mujer alta, muy elegante, que iba paseando despreocupada. Cual no fue mi sorpresa cuando se dirigió a mi;- Hola Laura. Ya no saludas a tus viejas amigas?-. Por un momento me queda dubitativa y le dije - Perdona pero iba distraída y no te reconocí. En ese instante, me acordé de ella. Era Ana, mi amiga del alma en la escuela primaria, y hacía por lo menos seis años que le había perdido la pista. ?Estás estupenda cariño ? le solté de primeras. ? Que estás haciendo por estos barrios. ? Me he trasladado hace un par de meses. Vivo con mi hermano Alberto justo en este edificio. ? No me digas? -,que alegría me das. ?Quieres subir a tomar algo y charlamos. Evidentemente no podía negarme y pasamos una noche encantadora recordando viejas historias de la escuela . Sobre la una, me marché a dormir y quedamos en vernos ese fin de semana. Ella prepararía la cena y seguiríamos recordando los tiempos de colegialas.

Llegó el sábado por la noche y después de pegarme una buena ducha me vestí para la ocasión , compre una botella de un espléndido Rioja, y me dirigí a casa de Ana dispuesta a pasar una tranquila velada nostálgica.
Llamé a la puerta y me recibió Anita, espléndida como siempre, ataviada en su albornoz rojo y se disculpó por no estar arreglada todavía. ?Acabo de llegar hace unos minutos y estoy a medio vestirme - No tardo nada, espérame en el sofá -.Abrí la botella de vino y me puse una copa mientras la esperaba sentada. En eso, me pareció oír unos ruidos que provenían del otro lado del piso y pensé que sería su hermano. Me acerqué para saludarle si es que aún lo reconocía, pues la última imagen que tenia de Alberto era la de un mocoso delgaducho y quisquilloso. Ahora debía tener cerca de los 20 años. Cuando me acercaba al lugar de donde venían las voces me puse un poco nerviosa al darme cuenta de que aquello parecían mas jadeos que otra cosa. Sin saber muy bien porqué, me acerqué despacito a una habitación que tenia la puerta cerrada, pero no pude resistirme a mirar por la vieja cerradura oxidada. Me temblaban las piernas de pensar que pudieran descubrirme, y mas cuando alcancé a ver una chica pelirroja desnuda y a cuatro patas encima de la cama mientras ,supuse que era Alberto, la penetraba por detrás entre los jadeos de gusto de ella. La agarraba del culo con las manos y la follaba como un poseso mientras le decía- Te gusta cariño?- Siii... sigue así un poco más rápido mi amor me das mucho gustito ? En aquel momento me quedé mojada como hacía tiempo que no lo hacía. No pude evitar de seguir mirando hasta que la chica se corrió de gusto y él, con ella, y se quedaron los dos recostados el uno junto al otro, hastiados de placer. Yo, casi sin darme cuenta, tenía una mano metida en mis braguitas y estaba a punto de correrme también , cuando oí la voz de Ana que me llamaba, y salté corriendo hacia el salón justo para sentarme en el sofá antes de que entrara ella. ?Te ocurre algo Laura, te veo como acalorada- Nada es que hace calor aquí ?Le contesté nerviosa.- Si, es cierto, este piso es muy caluroso, pondré en marcha el ventilador.
Aquella noche no pude pensar en otra cosa que en la escena de Alberto y la chica pelirroja. Después de estar hablando varias horas le dije a Ana que estaba un poco mareada y que pensaba irme a dormir. Ella insistió en que me quedara y que mañana ya iría a mi casa. Como no tenía nada que hacer acepté gustosa y me preparó una cama en la habitación de invitados. No podía sacarme de la cabeza aquel pene dando gusto a la pelirroja y empecé a acariciarme suavemente los pechos. Una de mis manos tenía prisa en satisfacer mis deseos y se dirigió rápida hacia mi entrepierna y mis dedos se introdujeron suaves en el mojado coñito. Me imaginaba en el lugar de la pelirroja sintiendo esa polla follarme por detrás y estaba excitada como no recordaba. No tardé en correrme procurando ahogar mis gemidos en la almohada. Me dormí exhausta de tantas emociones y cuando me desperté para ir al baño a media noche, me extrañó ver luz en la habitación de Laura. Me acerqué par ver si estaba bien y cuando iba a entrar me pareció que no estaba sola. Como estaba la puerta entreabierta asomé la cabeza con disimulo y cual no fue mi sorpresa al descubrir que Anita, estaba tumbada encima de la pelirroja, comiéndose sus respectivos coñitos en un 69 espectacular que me dejó anonadada. Aquello era demasiado para una misma noche. Necesitas toda una vida para que te ocurra una situación así y en una noche yo había visto, a Ana y Alberto, follar con la misma chica. Me quedé espiándolas procurando que no se dieran cuenta mientras me masturbaba otra vez, loca de excitación. Ellas gemían las dos y se corrieron casi juntas entre fluidos vaginales en sus bocas que parecían saborear con entusiasmo. Yo me corrí por segunda vez y me volví a mi habitación incrédula de lo que había visto. Como es lógico ya no pude dormir más, pensando en lo sucedido.
Al día siguiente no comenté nada de lo ocurrido y después de desayunar con Ana ,Alberto y Carmen que me presentaron como la novia de este, me dirigí hacia mi casa.
Durante toda la semana anduve medio despistada en el trabajo. No conseguía sacarme de la cabeza las escenas de sexo vividas en casa de Ana. Pasó otra semana mas cuando un miércoles sonó el teléfono y era Ana que me invitaba a cenar el sábado por la noche. No me lo pensé dos veces y acepté encantada.
Llegué a casa de Ana sobre las siete y media y estuvimos charlando amistosamente durante un buen rato. Alberto y su novia habían ido al cine y no se quedarían a cenar. Durante la cena me preguntó que como iba yo de ligues y le contesté que acababa de romper hace un par de meses con mi novio, pues me había puesto los cuernos, con su secretaria. Ana me confesó que hacía un par de años que no tenía novio, aunque no parecía importarle demasiado. Desde que no tengo novios me lo paso mucho mejor que antes ?Dijo picarona -. A que te refieres ?añadí -.- Cojo un poquito de aquí otro poco de allá, ya sabes - . Y tanto que sabía. Todavía tenia en mi retina la imagen del 69 de Ana y Carmen, pero no dije nada.

- Si tu supieras ? me soltó de repente. ?cuenta , cuenta ?insistí impaciente - . ?Hace un par de años, estaba en casa estudiando, cuando me entró una calentura y empecé a desnudarme y a masturbarme como una loca delante del espejo de mi habitación. Estaba a punto de correrme, cuando a través del espejo me pareció reconocer a mi hermanito pequeño espiándome. Estaba aterrorizada y a la vez excitadísima y no hice nada por ocultarme. Al contrario, seguí tocándome hasta que me corrí jadeando de gusto, consciente del espectáculo que le brindaba a Albertito. Luego, me vestí y me acerqué a su habitación, segura de que se la estaría meneando a mi costa. Tenía la puerta cerrada pero a través del ojo de la vieja cerradura pude contemplar un espectáculo de primera. Alberto estaba tumbado en la cama con su polla roja y brillante entre sus manos acariciándola con rapidez mientras gemía de placer. No tardó mucho en escupir un montón de semen que le mancho todo el pecho y barriga. Yo estaba entre elogiada y perpleja de que mi hermanito se corriera pensando en mi. En los días posteriores me di cuenta de que Alberto me observaba más de lo normal cuando iba y venía por la casa en ropa interior y yo para provocarle cada vez me ponía cosas más atrevidas. Una noche que mis padres habían salido al cine nos quedamos los dos solos a ver la tele. Ponían una peli un poco subidita de tono y pronto me fijé que mi hermano estaba teniendo una erección en toda regla. Le acerqué una coca cola y procuré arrimarme disimuladamente a él, quien no hizo esfuerzo alguno por apartarse, sino todo lo contrario. Yo estaba excitadísima y casi sin saber como, apoyé una mano en su pierna desnuda (llevaba pantalón de deporte). Tenía a poco más de un palmo la polla tiesa de mi hermanito y mis bragas estaban chorreando de excitación y nerviosismo. Notaba que Albertito sudaba y su cuerpo se estremecía pero no dijo nada. Yo ya no pude aguantarme más y le pregunté ?te molesta que ponga mi mano ahí- el se puso como un tomate y confesó que al contrario que era agradable. Al oír esto , dirigí despacito mi mano hacia su entrepierna y noté que cerraba los ojos y se dejaba hacer. Sin más disimulos metí la mano por debajo del pantalón y por primera vez rocé con mis dedos el pene erecto de mi hermano. - Te gusta? ? si Anita no la sueltes, porfa. Con la excitación que llevaba encima, le agarre la polla entre mis dedos y empecé a hacerle una paja que no olvidará en su vida. Subía y bajaba mi mano lentamente primero, y con mas fuerza a medida que la sentía temblar de placer. Mi hermano suspiraba de gusto con cada caricia y no tardé mucho en notar como se estremecía desde los testículos y un gran chorro de semen era escupido entre mis manos mientras él se retorcía de gusto. ?Siiiii me voy me voyyyy ahhhhhg que gustoooo...

Sin decir una palabra me limpié con unas toallitas de papel y me dirigí a mi habitación para poder digerir todo aquello con calma. Como podrás suponer no pude conciliar el sueño ni de broma. Llevaba ya un par de horas dando tumbos en la cama, cuando me pareció que alguien intentaba entrar en mi habitación. Cerré los ojos y fingí estar dormida mientras se acercaban a mi cama con sigilo pero con la respiración nerviosa. Supuse que sería Albertito que se sentía culpable y vendría a comentar lo sucedido. Pero no dijo nada. Noté como sus manos se acercaban a mi y me desabrocharon con suave disimulo todos los botones hasta que mis pechos quedaron completamente a la vista. Mi corazón parecía querer salirse de mi cuerpo cuando noté sus dedos acariciar los pezones hinchados que se erguían ante el. Humedeció uno de sus dedos en su boca y rodeó las aureolas hasta que me pareció que ya no eran sus dedos los que me tocaban si no su lengua húmeda que los lamía con unas ganas inusitadas. Despacito fue lamiéndome las dos tetas, el vientre liso , se entretuvo un momento en el ombligo, y se dirigió hacia mi coñito que estaba hinchado y chorreante. De repente, se detuvo cuando pareció darse cuenta de que yo no estaba dormida, pero ya no podía soportarlo mas, y le agarré la cabeza con mis manos y la hundí en mi sexo que temblaba de emoción. Su lengua inexperta se hundió en los labios tiernos y enrojecidos de pasión. Me lamió desde el culo hasta encontrar el clítoris hinchado mientras yo gemía de placer. ?Sii, hermanito cómetelo todo que me das mucho gusto. Si, ahí, ahí, no te muevas que me muero de gustito. No tardé ni dos minutos en correrme como una loca en su boca, mientras le apretaba su cabeza entre mis piernas. El se quedó un ratito lamiéndome los jugos hasta que aflojé la presión de mis manos en su cabeza y pudo soltarse. Sin decir palabra se marchó en silencio y en los próximos días lo noté como ausente, pero no me dijo nada de lo sucedido.


- Joder Anita, no has perdido el tiempo en los últimos años eh?. Todo vino sin buscarlo- me contestó satisfecha- Pero siéntate que todavía no he terminado.- Vale, vale sigue contando.

Habían pasado unas dos semanas y Alberto no abría boca sobre lo ocurrido y yo tampoco me atrevía a comentarle nada, cuando una noche que yo regresé a casa sobre las dos de la madrugada me dirigía al baño antes de acostarme cuando me di cuenta que estaba ocupado. Esperé unos momentos ante la puerta pero quién fuera que estuviese usándolo tardaba mucho así que decidí llamar a la puerta. Cuando fui a golpear con los nudillos la puerta se abrió con solo tocarla y la escena que me encontré era para mojar pan. Alberto estaba completamente desnudo delante del espejo con su polla tiesa entre las manos y se masturbaba fieramente entre jadeos de placer.- Te ayudo hermanito- le dije sin pensármelo -. Él, aturdido se dio media vuelta y se tapó el pene erecto mientras se ponía colorado como un tomate. ?No es lo que parece, yo no... ? intentó disculparse sin mucha convicción. ? Tranquilo hermanito eso no es nada malo, todos lo hemos hecho- Tu también bueno ya sabes, te masturbas?
- Pues claro o es que crees que las chicas no tenemos necesidades?
- Quieres verlo?- y sin esperar a que contestara empecé a desnudarme delante de él, y mis manos acariciaron mis pechos blancos amasándolos como si de pan se tratara. Mi hermano no soltaba su polla dura de sus manos , muy al contrario empezó a meneársela excitado. Poco a poco me fui quedando sin ropa y la imagen reflejada en el espejo de mi cuerpo desnudo masturbándome delante de mi hermano del cual a su vez también se reflejaba su culo apretado, me puso a mil por hora. Mis dedos se metieron en mi rajita húmeda i me acariciaron el clítoris hinchado mientras la otra mano se entretenía juguetona en los pezones excitados. Alberto bramaba de gusto al verme de esa guisa y se hacía una paja de campeonato para el disfrute de mis ojos.- Así, así hermanita tócate bien todo el chocho quiero que te corras para que yo pueda verte. ?Sii cariño menéate ese pedazo de polla que tienes que me excita tanto -. Después de un buen rato de auto disfrute ya no pude aguantarlo mas y me abalancé sobre Albertito y le agarré el pene entre mis manos y sin pensármelo dos veces lo introduje en mi boca húmeda y comencé a chuparlo con una glotonería desconocida para mi. Mi hermano parecía encantado de mi arrebato y agarrándome la cabeza contra su polla me apretaba para que no la soltara, mientras entre gemidos me suplicaba que se la chupara.- Anita chúpamela toda, cómetela como siempre he soñado. Me da mucho gusto cómeme los huevos y trágate toda la leche siiii ,deja que me corra en tu boca aghh siii, me voy, me corrooooo. Y sujetándome la cabeza me soltó un chorro de semen que casi me ahoga. Yo sin soltarle la polla de mi boca me acaricié el clítoris con más ganas si cabe, hasta que me corrí también entre gemidos de placer.
- Se había hecho tarde y a pesar de que Ana y yo misma, nos lo estábamos pasando de rechupete, ella contándome su aventura y yo escuchando atentamente lo dejamos en este punto aunque me confesó que aún había más que contar y que quedaríamos otro día si me apetecía. - Por supuesto- le contesté y me fui a casa con una calentura parecida a la que siento ahora al contaros todo esto. Y al igual que hice ese día me voy directa al baño a hacerme un dedito para saciarme de autosexo y de paso pasar un buen ratito. Un beso a todos y os prometo que continuaré la historia hasta el final.

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