Chica sevillana, no soy nada del otro mundo, tengo 21 años, mido 1,68, peso 62 kilos, tengo el pelo negro, rizado, ojos marrones, y piernas torneadas a base de trabajarlas en el gimnasio de debajo de casa.
Todo empezó al comienzo de las clases en la universidad donde estudio. No soy muy dada a relacionarme con la gente, en los primeros días, prefiero ir viendo los grupitos que se van formando e integrarme en alguno de ellos, soy bastante tímida.
La chica que me traería de cabeza durante el curso se dio a conocer de la forma más loca que puede haber, estábamos en la primera clase de la jornada, cuando abrió repentinamente la puerta y todos los alumnos de la clase, incluido el profesor nos quedamos mirándola, era una belleza, alta, mediría 1.75 aproximadamente, pelirroja, pelo largo, totalmente rizado, ojos verdes y una boca con labios carnosos pintados de carmín rojo pasión, vestía un peto verde y una camisa blanca, que no podían sostener la fuerza de esos inmensos pechos que la muchacha poseía.
El profesor primero y varios alumnos después se quedaron como alelados, viendo a semejante hembra. Cuál fue mi suerte que el único sitio libre que quedaba en la clase estaba junto al mío, así que ni corta ni perezosa subió los peldaños que la separaban de su sitio, al sentirse observada, tropezó en uno de los escalones, tirando todo su material al suelo, mostrando una sonrisa nerviosa y dejando ver unos dientes perfectamente alineados y blancos.
- bueno, bueno, a lo nuestro- interrumpió el profesor- continuemos con la clase.
Al llegar a su sitio, junto al mío, se dejó caer, rozando con su brazo, parte del mío, y provocando cierto calambre allí donde su piel había tomado contacto con la mía.
- hola, ¡por fin llegué!, me llamo Sandra, encantada- me dijo
- Elena, igualmente- le contesté Si el profesor siguió o no con la materia, no lo sé. Solo sé que aquella chica me llenó de tal manera, que ahora recordando aquel primer momento, me estremezco.
Cuando se acabó la clase, todos los alumnos comenzamos a recoger nuestras cosas para la siguiente clase, y me comentó que era nueva, que no conocía a nadie, y que si me importaba que me acompañaba allá donde yo fuera, le dije que sí que no me importaba, así es que nos dirigimos hacia la puerta.
Toda la mañana estuve abstraída pensando en lo que me había pasado, no me lo podía creer, me consideraba hetero y que me gustaban los chicos y aquella chica me había cautivado desde el primer momento.
Gracias a la circunstancia de no haber sitio en toda la clase y que se sentara junto a mí, me hizo tener una compañera, una amiga, y como se verá más adelante, algo más.
En los pasillos se nos quedaban todos los tíos mirándonos, bueno debo reconocer que la miraban a ella, sin ningún tipo de dudas. Pasó la semana, rápidamente, y llegamos al viernes. Ya habíamos hecho varias pruebas, en una materia, para saber el nivel de conocimientos que teníamos y ponernos en grupos. A ella le tocó en el mismo que el mío, y así pudimos afianzar nuestra amistad, que recién comenzaba, y me daba la oportunidad de conocer a tan bella persona, pues no solo era guapa por fuera, tenía gran corazón y se mostraba dispuesta a ayudar a los demás, cosa que hizo que se ganara la simpatía de mucha gente de la universidad.
Pasaron los días las semanas, llegaron los primeros exámenes, nos reuníamos a estudiar en su piso o en el mío que, curiosamente, no quedaban muy lejos el uno del otro.
El sábado, después de estar estudiando toda la tarde, decidimos, con mi grupo, que no éramos muchas, pero que siempre que salíamos lo pasábamos bastante bien, salir de fiesta y tomar algo por lo que en un momento, fue a su piso, recogió la ropa y varias cosas que le hacían falta, y se vino al nuestro a arreglarse para la ocasión.
Mientras yo me pintaba en el baño, entró para ducharse, le dije que me iba, y me dijo que no, que no le molestaba que estuviera ahí, lo vi como algo normal, y me quedé. Al poco tiempo de empezar a ducharse, tuvo la mala suerte que se apagó el termo, maldijo, y abrió con fuerza la cortina de la ducha, apareciendo un pecho con un pezón totalmente erecto, producto del agua fría, eso creía yo, pero después me confesó que le encantaba masturbarse bajo el agua caliente. Eso me dejó confusa para toda la noche.
Cuando apareció arreglada, me quedé observándola, estaba tremendamente sexy, llevaba una minifalda negra con estrellitas plateadas y un top plateado, tipo palabra de honor, dejando ver el ombligo, el cual llevaba piercing, en los pies, unos zapatos negros de tiras, preciosos y se había recogido parte del pelo en un moño, dejando caer mechones alrededor de la cara, estaba rompedora.
- ¿nos vamos?- me dijo y creo que me lo tuvo que repetir varias veces hasta que me enteré.
- sí, claro- le contesté Aquella noche se vio el poder de convocatoria que tenía, pues en un momento dado, empezó a bailar y la gente le hizo un corro alrededor. Estuvo como media hora bailando sensualmente para el grupo cuando se acabó la canción consiguió escaparse, y se dirigió a la barra a pedir una bebida, pues tenía la frente perlada en sudor y la cara sofocada. Dirigió su mejor sonrisa al camarero y me vio, con lo que se acercó, como pudo a donde yo estaba. Dado el alto volumen de la música, al hablar teníamos que hacerlo al oído de la otra y en un momento, las dos fuimos a hablar y nuestros labios se rozaron, provocándome un escalofrío muy agradable. Decidimos, después de esa copa, ir hacia el baño, por la gente que había teníamos que ir muy pegadas, para no perdernos, y con el roce, noté sus duros pezones en mi espalda, cosa que me excitó de sobremanera.
Al llegar, solo uno de los baños estaba ocupado, asi es que nos metimos las dos en uno, y mientras ella orinaba, yo sostenía la puerta para que no entrara nadie. Llegó mi turno, por fin, no aguantaba más. Como tenía mis manos ocupadas sujetando la falda, no podía limpiarme, se dio cuenta y sin mediar palabra, cogío un trozo de papel, y ella misma me limpió, acariciando la parte que no tocaba el papel, lo tiró y volvió a tocarme, esta vez sin papel, me quedé sorprendida, me incorporé y me plantó un besazo en los labios que me dejó sin respiración, pero sus manos no se quedaron quietas, ni mucho menos, se fueron directas a mis pechos, acariciándolos y pellizcando con sus dedos mis ya erectos pezones. Me apoyó en la pared, seguía besando mis labios, una mano se deslizó cuerpo abajo hacia mi intimidad, y con dos dedos me abrió los labios vaginales y con otro empezó a acariciar mi clítoris, me notaba empapada. Acaricié sus pechos por encima del top, prenda que me molestaba, se lo bajé y descubrí que no llevaba sujetador, la verdad no le hacía falta, los tenía muy bien puestos, asi es que arañando con mis uñas sus pezones la hice estremecer, gimiendo las dos con deseo incontenible. Llamaron a la puerta, para que saliéramos, las dos, bastante azoradas por lo que nos había pasado, salimos y decidimos continuar en el piso, nos fuimos al suyo, ya que estaríamos solas, avisando antes a mis compañeras, para que no se preocuparan. En el camino de regreso, en el taxi, proseguimos con nuestra sesión de tocamientos, con un poco de reparo pues el taxista por el retrovisor vigilaba cualquier movimiento por nuestra parte.
Llegamos al destino, pagamos y como pudimos, llegamos al rellano donde estaba el ascensor, no podíamos contenernos, subimos al piso, y cuando cerramos la puerta, nos fuimos quitando la ropa de camino a la habitación besándonos desenfrenadamente, nos tumbamos en la cama, ella abajo, yo encima y comencé a besarla por todo el cuerpo, dando besitos cortos por el cuello,pecho, estómago, pasando de largo por su sexo y recorriendo a besos sus largas piernas, besando sus pies, acariciando sus pies con mi lengua entre sus dedos, ella mientras tanto se tocaba con una mano los pechos y dirigía su otra mano hacia su sexo cuando me di cuenta, y la paré, subí por sus piernas hasta su sexo, que emanaba un agridulce aroma, besando la parte interna de sus muslos y su monte de venus, totalmente depilado y con un triángulo invertido de vello pelirrojo, acaricié su vello con mi uña, y abriendo sus labios vaginales metí mi lengua, saboreando su chorreante sexo, arqueó la espalda, lo que me dio ocasión de, mojando mis dedos en sus flujos, intentar penetrar su agujerito posterior, a la vez que mi lengua atacaba ferozmente su excitado clítoris. Metí uno, dos, tres y hasta cuatro dedos en su chochito y seguí lamiendo su clítoris, hasta que con un gemido se corrió totalmente en mi boca, deleitándome con sus jugos, y bebiendo de su chochito. ¡Qué dulce sabor, cuánto me embriagaba! Cogió con sus manos mi cabeza y me hizo subir hasta su boca, dándonos un beso desenfrenado, compartiendo con ella todos sus jugos, una vez descansado un poco, se levantó, me pidió que cerrara los ojos y que me tumbara boca arriba. Se dirigió hacia un cajón lo abrió y escuché que trasteaba. Volvió a la cama, y depositó un objeto en la mesita de noche, empezamos otra vez el juego, pero esta vez ella a mí. Me besó en los labios, se dirigió hacia mi oreja, me susurró:
-Me vas a pedir que pare, no vas a poder todo aguantar todo el placer que deseo darte.- Y acto seguido me lamió la oreja y se entretuvo mordisqueando mi lóbulo mientras con sus manos pellizcaba mis pezones, bajando su cuerpo, cogió el objeto de la mesilla de noche, y se lo puso al lado, bajó dándome besos por todo el cuerpo, al igual que hice yo con ella, paró un momento, y cuando menos me lo esperaba, rápidamente, dirigió su boca hacia mi sexo, atacando mi clítoris con su lengua, haciendo que me estremeciera, y abriéndome de piernas, noté algo raro que me penetraba, abrí los ojos y la vi metiéndome un consolador, un enorme pene, de unos 25 cms, grueso y con estrías, metiéndomelo y sacándomelo, iba acariciándome mi clítoris con su lengua, subió una mano, y la dirigió a mi pecho, haciéndome cosquillas con sus uñas en el costado. En el mismo momento que tocó mi pezón arqueé mi espalda y con un gemido estremecedor me corrí en su boca, ella iba chupándo ávidamente mis jugos y se los iba tragando cual animal sediento.
Subió hasta mi cara y nos besamos con deseo, nos quedamos dormidas desnudas, y en la madrugada, me desperté helada de frío, y cogiendo la manta, nos tapamos y me dormí junto a ella, acariciándola.