El carrete del viernes en la noche en presencia de mi ex novio no impidió que el día sábado a las diez de la mañana estuviera en la oficina de Victor.
El viernes en la noche todo había sido música, buenas pláticas entre amigos y mucha seducción de parte de él, Andrés mi ex novio. Sus palabras de amor y promesas eternas de compromiso lograron finalmente seducirme a tempranas horas de la mañana del día siguiente. Él se iba a su casa y yo me ofrecí amigablemente a dejarlo en la puerta del ascensor del edificio. ?Adiós? le dije acompañándolo de un beso caliente al mismo tiempo que enredaba mis brazos en su cuello para sentir su cuerpo aprisionado contra el mío. Un beso bastó para que los ánimos se descontrolaran y el ambiente se templara al tono del vino tinto. La excitación aumento beso a beso, caricia a caricia, los movimientos de penetración entre ambos vientres no se hizo esperar hasta que sin poder evitarlo los quejidos de placer se escaparon sin control racional.
- Mejor te vas, le advertí.
- Si, ya me voy, pero ¿me puedes dejar en el primer piso?
- Ok. Pero calma, mejor bajamos las revoluciones.
- Está bien.
Llamé el ascensor, abrí la puerta y entré en él, Andrés hizo lo mismo, cerró la puerta y la rejilla, pero al mirarlo a los ojos, creo que nuestros fuegos querían estar juntos? Andrés entre el piso 4 y el 3 abrió la rejilla y el ascensor paró. Me tomó, eso fue lo que hizo, me tomó, subió una de mis piernas a la altura de sus caderas y comenzó a besarme, a tocarme completamente. Él sabe cómo hacerlo, el año y medio de pololeo le bastaban para saber qué es lo que me excita hasta acabar. Seguí el juego, pero cuando faltaba poco para la penetración le dije que parara, no tenía condones, los había dejado en el departamento. Bajé mis piernas, arreglé mi ropa y apreté el botón que nos llevaba al primer piso sin contemplaciones de lo que me decía mi Eros.
- Ándate Andrés, es mejor que te vayas. Traté de cerrar la rejilla que nos separaba, pero él la paró y me dijo ?te amo?.
- Por favor Paola, créeme que te amo, te soy sincero, te deseo, eres mi vida? Ante aquellas palabras hermosas que en otros tiempos me hubieran derretido como un cubo de hielo bajo el sol, sólo lo miré, le sonreí y agregué un ?Adiós? casi sonando a ?gracias, estuvo bueno lo que hiciste, lo necesitaba? y cerré la rejilla. Miro mis pies, respiro, pero mi respiración profunda es interrumpida por un grito ?TE AMO?, miro hacia la ventanilla de la puerta y veo la cara de él, mi ex novio completamente enamorado esperando una respuesta positiva de mi parte ante sus promesas de amor. Apreté el botón al sexto piso y ahí calmé las revoluciones de hormonas que tenía en todo mi cuerpo.
Entro al departamento y mis amigos, los sobrevivientes del vino me invitaron a seguir celebrando y así lo hice ?¡Salud!? agregué, tomé más vino mientras que mi mente se trasladaba a un par de horas más adelante, en esa reunión de trabajo con Victor.
Ya a las 9:00 de la mañana del día sábado los invitados estaban dormidos, así que aproveché la oportunidad de bañarme para presentarme ante él. Victor, mi profesor y jefe. Al desvestirme imaginaba que las manos que sacaban mi ropa eran las de él y que el calor de la calefacción era su respiración ante mi cuerpo? me metí en la ducha de agua caliente y ahí estuve por largo rato, esperando que el trasnoche se lo llevara el agua.
Salí del departamento y me dirigí hacia su oficina. Cada paso que daba pensaba en él, con quién estaría al momento de mi llegada, qué pasaría, cómo me miraría, etc.; era un mar de preguntas sin respuestas, en lo menos que pensaba era en el trabajo, tenía que concentrarme en las clases que debíamos preparar para el día lunes.
- ¿Se encuentra Victor?
- Si, un momento. La secretaria toma el teléfono. ?Señor Victor, una señorita lo busca. Ok., dice que suba al segundo piso?.
- Gracias! Cada peldaño de esa escalera hacía que el latido de mi corazón se acelerara más. Llego al segundo piso, la puerta de la oficina estaba entre abierta, observo sin que él me vea. Ahí estaba él, tras de su escritorio de madera lleno de papeles y libros, escribiendo en su computador concentrado, pero sé que sólo era una pose, ya que el hecho de que su secretaria le comunicara mi llegada lo desconcentró, pero me dediqué a seguir el juego. Me paré en la puerta de forma silenciosa y él no tardó en percatarse de mi presencia.
- Hola Paola! Pasa, estaba trabajando. Siéntate donde quieras? Que me dijera eso produjo una serie de imágenes en mi cabeza, lo primero que se me vino a la mente fue sentarme en sus piernas ja! Ahí quería sentarme, pero disimulé, le di un beso en la mejilla, tomé una silla y la deposité delante su escritorio.
- Cómo estás.
- Uf!!! Siento que me pasó un camión por encima, me fui de carrete y no he dormido nada, aún siento el sabor del vino en mi boca.
- ¿Si? Y con quién, ¿fue una fiesta privada? Su pregunta fue con cizaña.
- No, para nada, un par de amigos, entre ellos Andrés. Al pronunciar el nombre de mi ex, su cara cambió en muestra de desagrado.
- ¿Sí? Entonces volvieron?
- No Victor!!! Si ya sabes, no pasa nada, sólo promesas de amor de parte de él y nada más. Mientras decía esas palabras que no eran mentiras del todo, recordaba los momentos hot con Andrés horas antes.
- Ah! Entonces cómo estás en una fiesta con él.
- Es que tenemos amigos en común, pero no implica nada.
- No entiendo, antes uno terminaba con la polola y nunca más se hablaba con ella.
- En fin!!! Te tengo una sorpresa? esa frase hizo que toda su atención se depositara en mí, esa era la idea, que su imaginación volara conmigo.
- ¿Sí? ¿De qué tipo?
- Espera. Saqué de mi bolso un montón de papeles y los deposité sobre el escritorio. Con Celeste terminamos el proyecto de tesis, además me matriculé por fin, recuerda que tienes que hacer la carta de compromiso para ser mi profesor guía.
- Si, si, ya sé, no te preocupes. La sorpresa que me traes, más trabajo, tengo que corregir muchas tesis.
- Sip, pero ninguna como ésta, es la mejor.
- Eso espero, hoy mismo la corrijo. Bueno, vamos a lo que nos convoca. Desde ahí hablamos de la clase del lunes, pero las miradas que nos dábamos se acentuaban, el color de la oficina aumentaba, yo no sabía qué decir, me sentía un poco tonta, pero jugué a seducirlo todo el tiempo y él hacía lo mismo conmigo hasta que dio el primer paso.
- Estoy solo, completamente solo, los únicos que andan por ahí son las señoras del aseo, pero se puede cerrar la puerta.
- Si? Que bueno. Traté de calmar mis impulsos, tanto tiempo esperando que me volviera a hacer una propuesta y la estaba escuchando implícitamente, por tanto, debía hacer el momento más exquisito, aumentar el deseo, jugar con el erotismo.
Victor siguió en su computador, preguntándome sobre los contenidos de la clase por fecha.
- Historia Oral, agrego.
- Sexo Oral? Me mira fijamente a los ojos con un toque lascivo.
- Si, a veces, gracias!!! Fue lo único que se me ocurrió decir y las carcajadas salieron de forma espontánea, al mismo tiempo que nuestra lujuria quería explotar sobrepasando la distancia que había entre su cuerpo y el mío, el escritorio.
- No me digas esas cosas Paola, que mi imaginación es muy rápida, ya siento un calorcito en mi cuerpo.
- Mi imaginación funciona todo el tiempo Victor y el calor está hace rato, mejor dicho, hace tiempo en esta oficina.
- ¿No te dan ganas de concretar tu fantasía en esta oficina, tenemos dos escritorios? También es mi fantasía
- Si, puede ser. Mi respuesta poco interesada cubría como un telón las ganas enormes que sentía de escalar esa maldito escritorio, tomarlo de la cabeza y besarlo, sentarme con las piernas abiertas en cima de las suyas para sentir su verga aprisionado contra mi concha y cumplir al mismo tiempo todos mis deseos más profundos y ardientes. El silencio invadió aquel lugar, él se hacía espeso, era mejor decir algo para que los ánimos no se enfriaran y eso hice.
- ¿Aún tienes sueños eróticos conmigo? ¿Aún me deseas?
- Claro que sí, todo el tiempo!!!
- Ap! Pensé que eso se había terminado, si en la universidad ni me miras?
- Pero es que me tengo que hacer el huevón! No me queda de otra ¿no crees?
- Si, es verdad.
- ¿Y tú? Todo el tiempo? si supieras? Victor se paró de su silla y salió de la oficina. Yo de espaldas a la puerta me quedé en la misma posición, tratando de concentrarme en la clase, pero mi corazón estaba a mil por hora. De pronto, siento que entra a la oficina y cierra bruscamente la puerta, no lo miro, sólo trato de leer los papeles, se queda un par de segundos mirándome a mis espaldas, deseándome, tratando de hacer algo para lograr finalmente tenerme en sus brazos, pero en lugar de eso, respiró profundo y volvió a su lugar de poder agregando:
- Hay una señora haciendo el aseo en la oficina del lado.
- Es mejor que me vaya.
Nuestras miradas se hicieron el amor y Victor me dice:
- Por favor Paola, no me mires así que ya no respondo.
- Disculpa, mejor cojo mis cosas y me voy.
- Si, es mejor así.
- Ok.
Tomo mi chaqueta, pero al mismo tiempo él vuelve a salir de la oficina. Parada de espaldas a la puerta trato de calmar mis nervios, de pronto vuelve a entrar, cierra la puerta, con el sonido de ella cierro mis ojos y respiro profundamente, Victor estaba parado a mis espaldas. De pronto, siento que me abraza, logrando que mi cuerpo se estremeciera por completo, luego me comienza a oler, era la primera vez que se atrevía, la forma en que lo hacía me excitó, comenzó a besar mi cuello, lo que bastó para derretirme y sentir que era el comienzo de algo más intenso.
Me volteé hacia él y nuestras bocas fueron un imán. Nuestras lenguas se enredaron de forma desenfrenada, sus labios sabían dulces, sus manos recorriendo todo mi cuerpo eran de seda, su calor junto al mío, todo era desenfrenado, las ganas, la espera culminaban en cada beso, en cada caricia, en cada palabra que podíamos pronunciar en los segundos en que quedaban desocupadas de la lengua del otro? todo era fuego, la oficina era un horno y nosotros la leña que lo alimentaba. Nos separábamos, nos mirábamos, pero era tal la desesperación de poseernos que no había tiempo para mirarnos desde lejos. De pronto, ruidos provenientes de las afueras.
- Para Victor, hay alguien, nos pueden descubrir?
- Si, si. Mejor nos calmamos. Me toma de la cintura me vuelve a besar y agrega ?Te Quiero?. Aquello bastó para que no nos importara lo que sucediera, nos volvimos a besar, sus manos acariciaban mis senos abundantes, mis nalgas, mis piernas, completa, ese momento era para él. De pronto tomó mi mano izquierda y la depositó en su miembro erecto, lo acaricié, masturbé, recorrimos toda la oficina disfrutándonos hasta que él me arrinconó contra la pared que daba hacia el pasillo del segundo piso para desabrochar mi pantalón, pero choqué mi espalda contra un cuadro, lo que sonó estrepitosamente y más aún cuando comenzó a estrellar su vientre contra el mío simulando penetrarme, eso nos volvió locos, pero mi espalda seguía chocando contra el cuadro producto de sus embestidas?a continuación de esos oímos voces.
- Calma!!! Mejor nos calmamos, es mejor que me vaya.
- Si, eso es lo mejor, pero te deseo?
- Yo igual, estoy temblando al igual que tú. Qué exquisita sensación.
- Más rica eres tú, mira como me tienes. Me señala la muestra se su pantalón levantado producto de su enorme erección.
- Disculpa? déjame respirar, no me puedo ir en estas condiciones.
- Ok.
Los dos caminamos por la oficina tratando de dejar a las hormonas un poco tranquilas, pero las miradas que nos dábamos no contribuían del todo, lo empeoraban.
- Yo me tengo que ir en 20 minutos, me van a cerrar el estacionamiento.
- Si, ya lo se, te quedas yo me voy. Adiós Victor. Me acerco a darle un beso en la mejilla, pero él se adelanta y besa mis labios.
- Adiós pequeña.
Me dirigía a la puerta, pero me volteo con un gesto para que se acercara a mí. Acerco mi boca a su oído derecho y le digo seductoramente ?¿Te gustaron mis besos??
- Siiiiiiiiii. Lo dice bajando su miraba, seguí el camino de la misma y me encuentro con su pene aún erecto completamente. Lo miré a los ojos y le sonreí.
- Adiós, nos vemos el lunes en clases. Recuerda el proyecto de tesis, trata de concentrarte en el texto porque en cada hoja está mi nombre como autora.
- Si, trataré? Salgo de la oficina dejando la puerta abierta. Cada peldaño que pisaba era el recuerdo de las imágenes del primer paso al cumplimiento de mi gran deseo, hacer el amor con mi profesor y jefe.
Salí de las dependencias de la universidad y no podía creer lo que me había pasado, estaba demasiado emocionada, por fin lo había besado como quería, el autor de mis grandes fantasías eróticas. Había tocado todo mi cuerpo, es más, caminaba de forma incómoda, ya que me había mojado por completa producto de sus caricias.
Ahora viene la segunda parte? hacer el amor con él, por tanto, esa es otra historia.