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Lo que pasó en un baño
Autor: Desconocido
Fecha: 20-10-2010

De un momento a otro tiene dentro de su boca todo mi sexo completo y mis dos huevos, los muerde y una electricidad invade todo el cuerpo....

Haber estado en una ciudad tan cosmopolita como lo es Nueva York y caminar por sus bulliciosas y coloridas avenidas, llegar hasta el último piso del Empire State y divisar desde allí lo pequeños que somos y al mismo tiempo cuan grandes nos podemos sentir ante el mundo y de pasear admirando por sus tantos lados a la bella Estatua de La Libertad sintiendo exactamente eso libertad de ser como soy, en fin, tantos sentimientos juntos mezclados con la emoción de estar justamente allí en la capital del mundo, compartiendo el mismo aire con gentes de todas partes, todas las razas y colores, cada hombre tan diferente al otro, cada cual con un tipo diferente pero igual de atractivos. Que rico sentir que no solo yo era el que se quedaba mirando a alguno de ellos sino que también podía al mismo tiempo sentir una que otra mirada caliente hacia mí. Y es que Nueva York es así, una ciudad loca, de gente apresurada entrando y saliendo de todas partes con premura, nadie caminaba como yo lo hacía, queriendo captar cada milímetro de ella, y fue así que caminando por una de esas calles aledañas a la gran Quinta Avenida me aposté en la puerta de un bar, pero que bar, simplemente un lugar como el que se puede ver en las películas, lleno de hombres aparentemente rudos, la mayoría de ellos grandes, blancos, barbados, guapos, vestidos con apretadas ropas, pantalones de cuero negro, camisas al aire, estómagos planos, contorneándose al compás de la música disco típica de los bares gay, mucha luz, mucha bulla, risas por doquier, vasos llenos de cerveza pero también llenos de multicolores cócteles. Y yo allí de pie al lado de la puerta discutiendo conmigo mismo si debía seguir caminando y convertirme en uno más de esa mancha de gente feliz o simplemente dar media vuelta y regresar a la paz (que ironía) de las calles de Maniatan.

Pues no, estaba en Nueva York y tenía que aprovechar que me encontraba solo ese día, y además de que tenía ganas de disfrutar con todos esos hombres la sensación de sentirme libre de prejuicios. Y de pronto, después de un vaso de cerveza estaba yo bailando en medio de todos esos cuerpos ya sudorosos, alzando los brazos al son de la música, sintiendo de rato en rato algún cuerpo toparse con el mío lo que hacía del momento más excitante. De pronto esos ojos azules frente a los míos me sacaron completamente del espacio y del tiempo como si en aquel lugar todos hubieran desaparecido y tan solo nos encontrábamos aquel hombre y yo. Luego pude ver sus labios que me esbozaban la más linda de las sonrisas, dientes blancos y perfectos, boca fina y rosada, piel blanca, cabellos ondulados, castaños claros casi rubios cortados muy al militar, su cuello grueso y marcado hacía suponer lo que vi después, un cuerpo de película, traía la camisa desabotonada por lo que podía divisar un torso trabajado y sin vellos (o quizá totalmente depilados) y una cintura muy pequeña, al menos en comparación al triángulo de su espalda, un modelo de gringo, de esos que alguna vez nos provoca poseer tan solo por el hecho de pasar un rato agradable con alguien tan hermoso (porque en su mayoría son justamente los más lindos los más seso hueco), y de pronto contesté esa sonrisa con otra, la mejor que pude y fue en ese instante en el que todo el mundo regresó a su sitio y me vi rodeado nuevamente de muchos hombres y el chico de los hermosos ojos azules desapareció entre la muchedumbre. Dejé de bailar y me dirigí a todas partes buscándolo hasta que llegué a donde no se me hubiera ocurrido entrar, el baño.

Y fue así que entré a la par que otros dos corpulentos especimenes entraban conmigo. Les cuento que si imaginaron que estos baños son lugares básicos para el ligue, en este lugar no lo fue, por el contrario, el lugar era tan acogedor y tan bonito que hasta parecía un baño de damas, salvo que tenía una decena de urinarios pegados a la pared donde pude ver a quien estaba buscando. Lástima, estaba orinando al lado de otro chico también muy guapo y de pronto, cuando estaba a punto de colocarme al otro extremo veo como el ?ojos azules? cruza la mano para posarse en lo que imagino sería el mazo del otro chico. Volver a la realidad es cuestión de segundos, después de todo estaba en un lugar gay en Nueva York y como en cualquier parte del mundo, en un lugar así, vale todo. Quizá fue eso que me hizo recapacitar un poco en lo que estaba haciendo en un lugar así y un poco que sentí vergüenza y salí del lugar.

No importa cuantos días más me quedé en los Estados Unidos, simplemente fueron días de vacaciones increíbles que los supe aprovechar. Y por fin estaba nuevamente volando a mi país con una pequeña escala en Bogotá.

Estaba cruzando apresuradamente los pasillos de El Dorado (así se llama el aeropuerto de Bogotá) cuando de pronto veo ?Baño? e instintivamente entré topándome cara a cara con un pelirrojo, ?Lo siento? le dije mirándolo, él solo sonrió. Entré finalmente pero di media vuelta la cara y él volvió a entrar e hizo como si se lavara las manos, yo terminé de hacer lo mío y me acerqué a los lavatorios, me miré en el espejo, no traía la mejor de las caras, estaba despeinado, así que dejando mi mochila a un lado me dispuse a arreglarme un poco, empezando por lavarme la cara (como maltrata un viaje tan largo). De pronto la figura de este hombre aparece tras mío, lo que puedo ver por el espejo, me mira y me guiña un ojo, para luego salir del baño. Yo me río, una vez más está pasando.

Salgo del baño y a diez metros por delante de mí está él haciendo cola para pasar por las revisiones obligadas para entrar a las salas de abordaje, obviamente él pasa primero, mi mochila está pasando por los rayos x, no estoy preocupado por ella, pero si lo estoy tratando de divisar desde ese punto al pelirrojo, y lo veo allí de pie, guapo con un saco color naranja tan poco común, pero que daba perfecto juego con el color de sus cabellos. De pronto paso los controles, cargo la mochila a la espalda pero necesito igual volver a entrar al baño para arreglarme la pinta, pues tuve que quitarme la casaca y la correa, y allí estaba esperándome en uno de los urinarios, dudo si posarme sobre el del lado pues hay un par de hombres allí también además de nosotros, pero la fantasía de saber que pasaría puede más y me coloco en posición, saco mi propio miembro, que por cierto está como quiere, y miro al costado, vaya sorpresa, una presa de más o menos 20 cm, gorda, blanco rosada, con una cabeza puntiaguda y muy colorada y para remate con unos vellos púbicos pelirrojos, en fin un espectáculo precioso para la vista. Alcé inmediatamente la mirada a mi ?vecino? y lo veo mirando lo mío, pasándose la lengua por los labios... y es que con esa vista mi miembro había reaccionado creciendo a su máxima expresión.

Lo miro de reojo, él responde mi mirada, guarda su miembro y se mete a un urinario con puerta, no sin antes hacerme un guiño de ojo, veo a mis lados, el último de los hombres que entraron con nosotros acaba de salir, tomo mi mochila y me meto con él. No podía creer lo que estaba haciendo. Lo veo y quedo maravillado, está con los pantalones abajo, la porra enorme en su máxima expresión me apunta y él con esa cara de modelo me mira invitándome a tocarla. Lo hago y la siento caliente y palpitante, no sé aún que pretende que hagamos, me da temor hacer nada. De pronto toma mi pantalón por la cintura y me lo desabrocha con una destreza que me asombra, baja el cierre y ya me tiene de un momento a otro con el pantalón y truza en mis tobillos, mi sexo erguido tomado por su mano y después cierro los ojos porque ya sé lo que vendrá, si, se agacha y se lo mete a la boca, sus labios se abren ante mi asombro de tal manera que se mete todo el largo de mi pene, lo chupa con lascivia, sabe como hacerlo, me mama los huevos, de un momento a otro tiene dentro de su boca todo mi sexo completo y mis dos huevos, los muerde y esa electricidad me invade por todo el cuerpo, luego saca de uno de los bolsillos del saco un preservativo y me lo coloca magistralmente en el pene con la boca, es increíble lo que está haciendo conmigo, me da un último lenguazo, se levanta y se da vuelta dándome la espalda, se agacha lo suficiente para él mismo sentir la punta de mi pene en su culo, por primera vez le veo el trasero, es enorme, blanco como la leche, y una hilera muy tupida de vellos rubios lo recorre por toda la raja, con ambas manos se toma las nalgas abriéndose de par en par, su agujero es de un color rosado claro, mi excitación está al tope, entro en él sin tener ninguna compasión, de un momento a otro estoy metido hasta los huevos, él suspira y se mueve, lo tomo de las caderas y lo cabalgo con rudeza, a pesar de que se nota que no es su primera vez este hombre tiene un culo apretado y caliente, estoy gozando como nunca, sin embargo el único sonido que se escucha en el baño es el choque de mis huevos con su culo, yo estoy sudando a mares, entre el goce y el apuro termino cinco minutos después, soltando tanta leche que siento mi pene nadar en el preservativo. Al mismo tiempo escucho una voz anunciando la salida de mi vuelo, me visto tan apurado que no doy tiempo para nada más, tomo al colorado de la cara, le doy un beso en los labios y salgo apurado, en la puerta me tropiezo con alguien que se me queda mirando, solo noto sus ojos azules. Soy el último que sube al avión.

Ya en mi asiento, descanso y me pongo a pensar en lo que había hecho, me río de la aventura faltando solo horas para regresar a mi país. Estoy con los ojos cerrados cuando alguien me saluda amablemente, abro los ojos y veo a un purser muy guapo, me sonríe y es cuando le veo los ojos, azules, si es el mismo hombre con el que me crucé a la entrada del baño y además, sí!!!, es el chico con el que bailé en la disco en Manhattan!!! ?Disculpe caballero?- me dice en perfecto español- ?un amigo colombiano le manda esto? y me entrega un teléfono escrito en el reverso de una caja de preservativos. ?Dice que se llama Rafael y que lo disfrutó mucho?, ?Gracias? contesto entre sorprendido y abochornado. ?Estoy para servirlo y hacer de este viaje algo inolvidable? me responde guiñándome un ojo y con la sonrisa más perfecta posible. Aún quedan tres horas de vuelo y por lo visto algo más ha de pasar.


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Por Los Pelos