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Alguna vez fingir, vale la pena
Autor: Desconocido
Fecha: 04-10-2010

Esta historia es totalmente real y ocurrió cuando tenia 16 años, era yo un joven bastante delgado con un cuerpo infantil pues odiaba el ejercicio, de mi rostros muy fino sobresalían unos ojos inmensos muy oscuros bordeados por pestañas rizadas, la grasa se me había acumulado en los glúteos que por ser algo mulato pero de piel blanca eran prominentes y mi trasero muy parado. Las piernas gruesas y algo velludas y un abdomen plano. Tenía un amigo llamado Manuel, él y su madre atendían una librería cercana al colegio donde estudiaba.
Su madre veía con buenos ojos nuestra amistad pues venía yo de una familia muy educada, sin embargo mi madre casi nunca estaba en casa pues trabajaba mucho y mi padre se había suicidado un tiempo antes. Una forma de huir de la tristeza era pasar largas horas en casa de Manuel jugando lo que sea y matando el tiempo.
El era muy guapo, también, muy ojón y con el rostro árabe, moreno de facciones finas y un torso trabajado y muy bello a sus 16, de piernas delgadas y trasero enjuto era más alto que yo y exudaba virilidad. Mientras yo era más delicado y quizás algo femenino.
Nuestros juegos pronto fueron llevados por mí al terreno sexual y alguna vez luego de una apuesta me hizo sentir su pene sobre mis nalgas, como en un juego, yo había manipulado la situación pues ya hace mucho lo deseaba.
Manuel era bastante erótico y muy guapo realmente, además tenía mucho gusto para la ropa y esta era comprada en gran cantidad por sus padres, cosa de la cual yo carecía y eso entre otras cosas me hacía entre envidiarlo y admirarlo.
Yo había tenido ya contacto sexual con un vecino, algo mayor que yo, pequeño medio negro aunque de rostro como italiano, velludo y a diferencia de Manuel algo ordinario, hasta tenía un olor no muy bueno.
Teníamos otro amigo que pronto nos acompañó en la tienda, en los juegos, un chiquillo nada apreciable y algo asexuado, blanco, lampiño y regordete. Se llamaba José.
Un día fuimos por invitación de José a un club del que eran socios sus padres, este quedaba en las fueras de la ciudad y en el había una gran piscina. Como era diciembre y el verano aún no empezaba del todo, el local estaba prácticamente vacío. Solo estábamos los tres y los mozos que atendían.
Por alguna extraña razón que no recuerdo habíamos llevado mucho dinero y cigarrillos y además de bañarnos y jugar nos dedicamos a beber gin con gin, que con nuestra edad y entusiasmo pronto nos emborrachó y nos puso muy eufóricos.
La cabeza me daba vueltas y José había desaparecido creo se durmió por algún jardín. Mientras tanto con Manuel estábamos riendo mucho y felices, pero pronto la cabeza me dio vueltas y me eché sobre una especie de tarima de losa muy grande en los vestidores. Manuel se hecho en la misma pero más abajo, estaba casi a mis pies.
Con la borrachera entré pronto en un estado de semiinconsciencia, y con el calorcillo del ambiente y lo húmedo del short, además de la presencia de mi amigo me sentía algo excitado, estaba en ensoñaciones eróticas cuando de pronto empecé a sentir un suave masaje en la unión entre los huevos y el ano. Mis piernas estaban dobladas y desde la perspectiva de Manuel podía ver algo de mi culo. Había levantado la mano y me acariciaba con movimientos suaves giratorios. Me dejé hacer pues era delicioso y el siguió hurgando hasta llegar a mi esfínter que tocaba muy suavemente.
De pronto se incorporó y sin dejar de hacerlo me puso la verga en los labios, el estaba de pie con una mano acariciaba mi ano y con la otra pasaba su verga por mi boca. Yo me hacía el inconsciente. De pronto me alzó y empezó a besarme el cuello, las orejas y a musitar palabras groseras. -eres una puta- se te nota muy cabron que rico?.
Mientras no dejaba de acariciarme y de tocar mi culo, había metido ya toda la mano bajo mi short y alternaba los masajes de ano con el tratar de abarcar todas mi nalgas. Ambos estábamos extasiados.
De pronto me alzó totalmente y casi arrastrándome pues yo fingía una gran borrachera me acomodó en un excusado, ahí sentado sobre el WC me dio su verga a mamar. Ya no había la posibilidad de que nadie ingrese así que nuestras caricias fueron más evidentes. Yo fingía una gran borrachera pero gozaba como loco. Tenía todo lo que había soñado. Su olor tan rico, su cuerpo de macho, su culo prieto que podía tocar mientras le comía la verga.
De pronto, él que llevaba el juego pues se suponía yo estaba muy borracho, me puso de pie y parados frente a frente empezó a comer mis tetillas metiendo su cabeza entre mi pecho, las lamía y succionaba suavemente, con placer, con delicadeza, mientras con sus manos me alzaba el culo y penetraba sus dedos en mi cavidad anal. Era increíble. Yo aprovechaba para acariciar su ancha espalda y su rizada caballera, muy negra y de cabellos tan suaves y brillantes como un ángel.
De pronto me volteó y empezó a sobar su pene entre mis nalgas, tendría unos diecisiete centímetros de una verga oscura y circuncidada, muy perfecta y bella como él. De pronto empecé a sentir que trataba de ingresar al seco, yo tenía más experiencia y sabía que sería muy difícil, pensaba que debería humedecerla pero solo me quedaba esperar para fingir inexperiencia.
Pero esa misma verga empezó a lubricarse con sus propios jugos y a expandir mis esfínteres con un delicioso dolor, era mucho más grande que la de mi amante habitual, más gruesa, más dura y mucho más deseada. Arqueé mi espalda para sentirla, el tomaba mi cintura y me atraía. Finalmente ingresó y mis paredes lo atrapaban, empezó a cabalgarme suavemente como temiendo dañarme hasta que ya no pudo aguantar más el deseo y aceleró los movimientos. Por fin se pegó a mi espalda empezó a mordisquearla y derramó su esencia en mi interior. Salió luego de un minuto de un abrazo prolongado, y me dejó ahí, acomodándome como sentado.
Al volver no hablamos del asunto y no lo haríamos jamás a pesar que muchas veces repetiríamos la faena, pero siempre manteniendo el pacto de no hablarlo. Yo fingía una borrachera y él siempre fingió creerme.

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Por Los Pelos